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Locuras Cuerdas ·Los precandidatos del Partido Morena en Matamoros. Por Jorge Chávez Mijares.

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hace 3 días
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Los precandidatos del Partido Morena en Matamoros.

Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines, de 1952 a 1958, tres secretarios de Estado se sintieron muy cerca de suceder al Presidente: Gilberto Flores Muñoz, alias “El Pollo”, Secretario de Agricultura y Ganadería; Ignacio Morones Prieto, Secretario de Salubridad y Asistencia, el médico que acaso se imaginaba curando al país; y Ángel Carvajal Bernal, Secretario de Gobernación y veracruzano, dos credenciales que entonces parecían abrir las puertas de Palacio Nacional. Ninguno de los tres llegaría.

En el México de aquellos años se daba por hecho que el Presidente escogía a su sucesor. El entretenimiento de los enterados consistía en adivinarlo antes del anuncio. Una sonrisa presidencial podía convertirse en promesa; una invitación a comer, en espaldarazo; un asiento junto al mandatario, en anticipo de la investidura. Había quienes comenzaban a sentirse presidentes desde la distribución de las sillas. Ruiz Cortines administró aquella incertidumbre con una parsimonia extraordinaria. Permitió que sus presuntos favoritos se creyeran a un paso de la Presidencia, mientras mantenía a resguardo el nombre del elegido. La sucesión adquirió así la forma de un ritual en el que muchos interpretaban y uno solo conocía el desenlace.

Como buen hombre familiarizado con la contabilidad, don Adolfo economizó palabras y dejó que la prensa multiplicara las interpretaciones. Al final, el elegido fue Adolfo López Mateos, Secretario del Trabajo. Los demás habían pasado meses leyendo un porvenir que el presidente guardaba en otro cajón. Aquellos aspirantes descubrieron que las señales podían significar algo muy distinto de lo que sus ilusiones les dictaban. El éxito político de la maniobra se consumó después: ninguno de los tres rompió con el partido y todos terminaron respaldando, al menos públicamente, al favorecido. La disciplina partidista tuvo aquella virtud pasmosa de convertir una decepción personal en entusiasmo colectivo.

Sesudo lector, viene a colación este episodio por los prematuros destapes de Morena, particularmente en Tamaulipas y, con mayor puntualidad, en Matamoros. El calendario electoral todavía parece lejano, pero las ambiciones ya encontraron cómo adelantar las manecillas. ¿El INE y el IETAM? Bien, gracias. Habrá que ver en qué momento consideran que los movimientos del reloj merecen su atención.

Al momento de pergeñar estas líneas, cuatro nombres aparecen en el escenario de las aspiraciones municipales: el alcalde Alberto Granados, la diputada Elvia Eguía, Rosa Pérez García, Rosy, y Eduardo Torres. Cada uno tendrá sus razones para levantar la mano; conoceremos después cuáles de esas razones encuentran eco en quienes intervengan en la definición. Mucho se dice que Morena, ahora instalado en el poder, reproduce los métodos del PRI cuando de repartir candidaturas se trata. La comparación circula con facilidad; demostrarla exige observar los procedimientos y sus desenlaces. Esta contienda interna ofrecerá una oportunidad para examinar cuánto cambió la mecánica del poder y cuánto permanece debajo de la pintura guinda.

¿La presencia de cuatro aspirantes revela falta de unidad o expresa una competencia interna saludable? ¿Habla de apertura partidista o de la convicción de que basta anotarse para quedar al alcance de una decisión favorable? Levantar la mano es sencillo; acreditar arraigo, trayectoria y capacidad de gobierno requiere bastante más que entusiasmo. Por su posición institucional, su presencia pública y su cercanía política con el gobernador Américo Villarreal Anaya, el alcalde Alberto Granados parte, a mi juicio, con ventaja. La dimensión real de esa ventaja tendrá que medirse. En política, incluso quienes parecen llevar la delantera necesitan averiguar quién trazó la pista y dónde colocó la meta.

A la ecuación deben agregarse dos factores cuya articulación todavía merece explicaciones más claras: las encuestas y la paridad de género. Una mide preferencias; la otra interviene en la integración de las postulaciones. La incertidumbre aparece cuando el aspirante y el ciudadano intentan comprender cómo se combinarán ambas para producir una candidatura. Quizá en esa expectativa pueda encontrarse parte de la explicación de las aspiraciones de Elvia Eguía y Rosy Pérez. La cercanía del alcalde Alberto Granados con el gobernador no cancela sus posibilidades ni vuelve innecesaria su participación. Tampoco garantiza, por sí sola, el desenlace de la contienda. En Morena hay precedentes suficientes para que nadie confunda una ventaja aparente con una candidatura asegurada.

Ahí está el caso de Omar García Harfuch y Clara Brugada en la definición de la candidatura para la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, en 2023. Harfuch encabezó las encuestas, pero la aplicación del criterio de paridad condujo a la designación de Brugada. El episodio mostró que obtener la mayor preferencia no necesariamente resuelve la postulación. Desde mi lectura del escenario local, ninguno de quienes buscan competir con el alcalde Alberto Granados posee un peso político equiparable al que tenía Clara Brugada en aquella contienda. Las circunstancias son distintas, desde luego, pero el precedente obliga a introducir cautela en cualquier diagnóstico. La historia política tiene la costumbre de incomodar a quienes anuncian resultados antes de tiempo.

Es temporada de cacería. A las encuestas, los acuerdos y las aspiraciones habrá que sumar la previsible guerra de acusaciones en redes sociales: páginas sin responsables identificables, denuncias huérfanas de pruebas y versiones que nacen por la mañana para circular por la tarde con solemnidad de sentencia. En ese circo electoral romano, los algoritmos repartirán las entradas y el anonimato ocupará un palco. Bastará una sospecha bien aderezada para que aparezcan fiscales, jueces y verdugos en la misma publicación. Después, si la acusación se desmorona, difícilmente tendrá la rectificación el mismo entusiasmo que tuvo el escándalo.

Querido y dilecto lector, en las páginas de “La Comedia Humana” de Honorato de Balzac encontramos un inventario de ambiciones, vanidades y cálculos que conserva una inquietante actualidad. Cambian los salones, las siglas y los instrumentos; el apetito por el poder sigue reconociendo el camino. Ayer, Adolfo Ruiz Cortines llevó el juego del tapado a una de sus expresiones más acabadas. Hoy, Morena y la 4T tendrán que mostrar, en sus decisiones y en la claridad de sus reglas, cuánto se han apartado de aquella escuela. Por lo pronto, los aspirantes levantan la mano y los observadores volvemos a estudiar los asientos, las sonrisas y los silencios.

El tiempo hablará.

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