Locuras Cuerdas ·El candidato que no fue precandidato. Por Jorge Chávez Mijares.
El candidato que no fue precandidato.
Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, estamos en los prolegómenos de las elecciones del domingo 6 de junio de 2027. Faltan exactamente 228 días y el calendario ya comenzó a sudar. Sus hojas amanecen pobladas de nombres, las sillas municipales escuchan pasos durante la madrugada y los espejos ensayan, por cuenta de sus propietarios, el rostro solemne de los próximos candidatos. Quienes aspiran viven en el fragor de esa incertidumbre apasionada que produce entrar al juego electoral: una mezcla de esperanza, vanidad y vértigo capaz de convertir cualquier saludo en una señal del destino.
Todo ello forma parte de nuestro folclor político. Alimenta las conversaciones de café y nos concede a quienes ejercemos el periodismo el delicioso oficio de interpretar indicios, comentarios y silencios. Porque en política hasta una llamada que no se devuelve puede tener vocación de discurso.
Me enteré de que, dentro del Partido Morena, hubo quienes se registraron sin hacer ruido mediático. “Que alguien les dijo que se apuntaran sin estridencias”, escuché. ¿Qué significado podría tener esa discreción en el desenlace? No podemos saberlo. Convertir una versión en certeza sería pedirle a la imaginación que nos falsificara las pruebas. Pero corresponde observar los movimientos de este ajedrez, donde a veces la pieza más importante permanece dentro de la caja mientras las demás se desgastan sobre el tablero.
También gravita el contexto internacional. Las declaraciones de la cónsul de Estados Unidos en Matamoros, Mary Virginia Hantsch, coincidentes con el periodo en que comenzarían los registros del Partido Morena para las coordinaciones, merecen una lectura atenta, particularmente bajo una administración encabezada por Donald Trump y con Marco Rubio al frente del Departamento de Estado. La coincidencia temporal, desde luego, no demuestra una relación con el proceso partidista; sí invita a examinar las palabras concretas y las circunstancias en que fueron pronunciadas. En esta frontera, los acontecimientos suelen llegar acompañados de su eco al otro lado del río.
La ecuación electoral de 2027 reúne demasiadas variables para que alguien pueda dar por escriturado su porvenir. A quien ya se siente dueño de una candidatura convendría recordarle que la Historia conserva un archivo de seguridades desmentidas. Traigo a colación un episodio de Matamoros: seis aspirantes se hicieron visibles para suceder al alcalde en turno y, al final, el elegido no figuraba entre aquellas precandidaturas.
Sesudo lector, la noche del 30 de septiembre de 1971 fueron presentadas cinco precandidaturas en las oficinas municipales del PRI, ubicadas en la calle Abasolo, entre 5 y 6. Se buscaba suceder al entonces alcalde, el ingeniero Óscar Guerra Elizondo, en las elecciones programadas para el domingo 5 de diciembre: faltaban apenas 66 días. Compare usted esa distancia con los 232 días que separaban el domingo pasado de la elección de 2027. Nos hemos convertido en un país eminentemente electoral: ahora las campañas del ánimo comienzan mucho antes que las permitidas por el calendario. El futuro apenas abre un ojo y ya encuentra una fila de aspirantes aguardándolo en la puerta.
La primera precandidatura presentada aquella noche fue la del señor Óscar Zolezzi, propuesta ante el delegado del PRI, Mario Colín Sánchez, con el respaldo de seis expresidentes municipales, cuya preeminencia política reconoció el propio delegado. Entre quienes acudieron figuraban Isidro González Saldaña, Óscar Zolezzi Luebert, el ingeniero Enrique Siller Flores y el doctor Felipe H. Treviño. Imaginemos el peso de aquellos apellidos entrando juntos a la oficina. Las paredes debieron enderezarse para recibirlos. En una ciudad donde las jerarquías tenían memoria, semejante respaldo parecía suficiente para hacer crujir la balanza.
Momentos después, Jorge Valdez Zayas, Jaime Acosta Verde y otros profesionistas presentaron la precandidatura de Modesto Pérez Vázquez. Esa misma noche tocó el turno al doctor Arnoldo Gutiérrez López. Su representante personal, Óscar Mario Hinojosa, entregó al delegado un voluminoso expediente, acompañado de un álbum de fotografías y recortes periodísticos que documentaban su actividad proselitista. Allí estaba su trabajo convertido en papel: reuniones, adhesiones y rostros que, desde las páginas, parecían seguir solicitando el voto.
Juan Villarreal de los Santos llegó respaldado por la delegación más numerosa. No menos de veinte comisiones expresaron su apoyo: comerciantes, agricultores, tablajeros, logias masónicas, asociaciones mutualistas, estudiantes, agrupaciones femeniles, contadores y médicos, entre otros sectores. Cada escrito agregaba una razón para sentirse cerca. Si las adhesiones hubieran tenido temperatura, aquella oficina habría necesitado abrir todas sus ventanas.
Finalmente, un grupo de profesionistas, comerciantes y agricultores presentó la precandidatura de Ignacio Torteya Valdez, respaldada por una relación de firmas. El doctor José Ángel Pérez Vázquez llevó la voz de aquella comisión. Al día siguiente se sumó como precandidato, Jorge Cárdenas González, apoyado por sociedades, asociaciones y uniones. Tampoco sería su momento. Llegaría a la alcaldía diez años después, en 1981. Diez años durante los cuales la silla habría de aparecerse, acaso, en sus conversaciones y desvelos, siempre cercana y todavía ajena.
Ninguno de aquellos seis sería el elegido. Cuenta la leyenda política que la candidatura de Sergio Martínez Calderoni había sido acordada tiempo atrás con el verdadero gran elector: el entonces gobernador Manuel A. Ravizé. Según esa versión, la instrucción consistía en permanecer quieto, evitar el ruido y esperar la señal para asomar la cabeza. Conviene conservar el relato en su condición de leyenda. Pero qué extraordinaria manera de ilustrar una época: seis hombres procuraban hacerse escuchar mientras otro, ausente de aquella pasarela, podía darse el lujo de guardar silencio.
El licenciado Carlos Gómez Sánchez presidió el Comité Municipal Electoral encargado de vigilar las 102 casillas de aquella jornada. La prensa registró que las elecciones del domingo 5 de diciembre de 1971 transcurrieron en completa tranquilidad. Se renovó el Ayuntamiento y la diputación del VII Distrito. Solo participaron los candidatos del PRI y se reportaron poco más de cincuenta mil sufragios. Sergio Martínez Calderoni encabezó la planilla municipal; Aurora Cruz de Mora contendió por la diputación.
Curiosamente, dos días después, el 7 de diciembre, Brownsville celebró sus elecciones. Resultó electo el doctor Earl B. Griffey, quien ya ejercía como alcalde tras la renuncia de Tony Gonzales en diciembre de 1970. El río siguió corriendo entre ambas ciudades, llevando hacia el Golfo los rumores de dos maneras distintas de disputar el poder.
Querido y dilecto lector, la Historia es enseñanza para el presente, qué tan cruel fue Manuel A. Ravize al permitir que seis aspirantes entraran en ese juego de propaganda electoral cuando él sabía que ninguno de ellos sería el elegido, en permitir que seis aspirantes consumieran tiempo, recursos y esperanza en una competencia cuyo desenlace ya estaba resuelto. En Matamoros la noche del 30 de septiembre de 1971, el día para el registro del entonces poderoso PRI, seis ilusos experimentaban toda la adrenalina del momento y quien sería el elegido cenaba muy tranquilo en su casa.
El tiempo hablará.




Comentarios