Opinión de Locuras Cuerdas ·Rosa Icela Rodríguez en Victoria: El silencio como estrategia. Por Jorge Chávez Mijares.
- locurascuerdas1
- 3 may
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Rosa Icela Rodríguez en Victoria: El silencio como estrategia
Por Jorge Chávez Mijares

Querido lector, hay visitas que se anuncian, y hay visitas que se susurran. La reciente aparición, casi sigilosa, de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, en Ciudad Victoria, no fue un acto protocolario ni una cortesía federal hacia el terruño tamaulipeco. Fue, más bien, un movimiento de piezas en ese tablero invisible donde se juega el poder real, ese que rara vez se deja fotografiar. Porque cuando la política se vuelve discreta, suele ser porque ha dejado de ser superficial.
La reunión con alcaldes “estratégicos”, qué palabra tan precisa y tan reveladora, no responde a la lógica de la agenda pública, sino a la cartografía del control territorial. No todos fueron convocados y no todos debían estar. Y en política, estimado lector, las ausencias suelen hablar más que las presencias. Este movimiento no puede entenderse sin mirar hacia el norte, hacia Sinaloa, donde la figura del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya se ha convertido en un punto de tensión que rebasa lo local. Su caso no es solo un asunto de gobernabilidad estatal; es un síntoma de algo mayor: la fragilidad de ciertos equilibrios internos en momentos donde el poder federal necesita cohesión, no fisuras.
Y como si la escena no fuese ya lo suficientemente compleja, en el horizonte se dibuja el calendario electoral como un reloj implacable: 2027, con 17 gubernaturas en juego, y 2028, donde estados como Tamaulipas volverán a ser campo de batalla política. En ese contexto, la llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia de Morena no es un relevo administrativo; es un reacomodo estratégico. Morena, ese movimiento que se construyó como causa, hoy se administra como estructura. Y es elemental saber que toda estructura, para sobrevivir, requiere disciplina, control y, llegado el caso, depuración.
Pero el verdadero telón de fondo no está en Ciudad Victoria ni en Culiacán. Está en Washington. La sombra del Departamento de Justicia de los Estados Unidos se proyecta sobre México como una advertencia elegante, pero firme. En ese vendaval, porque no hay otra palabra más precisa, la presidenta Claudia Sheinbaum parece estar haciendo lo que todo estratega haría, anticiparse, mover piezas, cerrar filas u asegurar lealtades. Porque las elecciones intermedias no son un trámite democrático, son un plebiscito político. Pueden consolidar un proyecto o comenzar a erosionarlo. Pueden fortalecer el mando o fragmentarlo en múltiples centros de poder. Y ahí es donde la visita “sorpresa” cobra sentido. No fue una visita, fue un mensaje. A los alcaldes: alineación y a los propios: disciplina.
Hay algo profundamente bizantino, permítaseme el término, en esta forma de hacer política: intrigas, silencios, movimientos que no se anuncian pero que se sienten. Como si el poder se ejerciera más en la penumbra que en la luz. Al rodar de los años uno aprende que los grandes momentos de la política no siempre ocurren en los escenarios visibles. A veces suceden en salas cerradas, con agendas no reveladas y nombres que no aparecen en los comunicados.
Querido y dilecto lector, Ciudad Victoria fue, esta vez, uno de esos escenarios. No sabemos aún qué se acordó. Pero sí sabemos que algo se está moviendo. Y cuando el poder se mueve en silencio es porque el ruido vendrá después.
El tiempo hablará.




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