Opinión de Locuras Cuerdas ·Reynosa: el instante en que el tiempo tomó partido. Por Jorge Chávez Mijares
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Opinión de Locuras Cuerdas ·Reynosa: el instante en que el tiempo tomó partido.
Por Jorge Chávez Mijares

Querido lector, hay días en que la política deja de ser trámite y se convierte en teatro del destino. Reynosa vivió uno de esos días: cuando la República pareció suspender el aliento y el tiempo, ese árbitro invisible, decidió inclinar la balanza hacia un punto exacto del escenario.
El evento era presidido por la presidenta Claudia Sheinbaum, escoltada por el gobernador Américo Villarreal y por el Secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, el ingeniero civil Jesús Antonio Esteva Medina, acompañados además por otras ocho figuras del aparato institucional. El frío incipiente de enero había impuesto abrigos, pero también una cercanía inusual en los gestos, como si la temperatura obligara al poder a recogerse en humanidad.
El gobernador Américo Villarreal llevaba ya cinco minutos con cuarenta y cinco segundos, o casi seis,de un discurso que transitaba por los territorios previsibles del protocolo: proyectos, gestiones, bienestar, principios compartidos, amor por Tamaulipas y por México. Su voz dibujaba un mapa de compromisos, mientras la audiencia escuchaba con la paciencia solemne de quien espera algo más que palabras. Y entonces ocurrió.
Justo cuando el gobernador pronunciaba la frase: “Con usted y su gabinete impulsamos gestiones y proyectos concretos en más de doscientos temas…”, el aire cambió de densidad. Fue ese momento, ni antes ni después, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum hizo la seña precisa, silenciosa, casi imperceptible, para que el presidente municipal Carlos Peña subiera al estrado principal.
El gesto fue mínimo en forma, pero sísmico en significado. La multitud respondió como un coro griego fronterizo: gritos de aprobación, oleadas de aplauso, un murmullo que trepó por las paredes del auditorio. El discurso del gobernador Américo Villarreal tuvo que detenerse durante veinticinco segundos, una pausa que no fue solo acústica, sino simbólica: el lenguaje del poder quedó suspendido en el aire, como si alguien hubiera presionado el botón de pausa de la historia.
Carlos Peña avanzó hacia el centro de la escena. Y ahí quedó escrita una línea que merece permanecer: Se ubicó en el borde físico, pero no en el margen simbólico. Porque si en el presídium ocupaba la orilla, en el significado ocupaba el foco. No hubo destierro visual, ni aislamiento corporal: la fila institucional se mantuvo íntegra, como una constelación donde cada estrella tiene su lugar, incluso cuando brilla desde un extremo.
El gobernador retomó su discurso, repitiendo parte de lo dicho, hablando de los programas de Bienestar, de la gente que siente que hay un gobierno que le sirve, que le representa, que le garantiza derechos. Pero algo había cambiado: la escena ya no pertenecía solo a la oratoria; pertenecía al instante.
Ese instante, y aquí entra el concepto crucial, fue momentum: ese momento en que la realidad adquiere inercia y el futuro parece haber tomado partido. La presidenta Claudia Sheinbaum pudo haber invitado a Carlos Peña a subir desde el inicio del evento. No lo hizo. Pudo hacerlo al final. Tampoco. Lo hizo en medio del discurso del gobernador, en el punto exacto donde la palabra institucional ya había tomado velocidad, pero aún no alcanzaba su desenlace. Eso convierte la acción en algo políticamente trepidatorio.
La visita presidencial dejó señales múltiples. En Tampico, la presidenta Claudia Sheinbaum acudió a supervisar los avances del hospital del ISSSTE federal, acompañada por el gobernador Américo Villarreal, pero sin convocar al gobierno municipal. La presidenta municipal Mónica Villarreal, comprometida además con un curso interno de Morena para alcaldes, no fue invitada ni siquiera contactada.
Después, la presidenta se trasladó a Reynosa para dos eventos: El de vivienda, abierto, sin convocatoria formal a gobiernos municipales, pero donde Carlos Peña estuvo presente, se mezcló con la gente, saludó, caminó la calle política y fue visto, y saludado, por la presidenta. El de Programas de apoyo para mujeres, donde el escenario político se desplegó como tablero de ajedrez: En un extremo, la senadora Maki Ortiz junto con la diputada Cassandra de los Santos. En el otro, los senadores José Ramón Gómez Leal y Claudia Hernández, los diputados locales y la senadora Olga Sosa. Y, cerca, con su 1.95 de estatura, en una esquinita cargada de simbolismo, el alcalde Carlos Peña, hasta que la presidenta lo llama al centro del acto.
Más tarde, la gira continua hoy en Nuevo Laredo, donde la presidenta Claudia Sheinbaum fue recibida anoche por Carmen Lilia Canturosas, en otro mensaje de alto voltaje político. Ahí, en un evento privado, inaugurará la Agencia Nacional de Aduanas, con el protocolo del corte de listón: otro gesto cargado de lectura estratégica. En conjunto, Reynosa y Nuevo Laredo aparecen como dos polos políticos en Tamaulipas, geográficamente dentro del estado, pero distantes del eje de Ciudad Victoria.
A nivel Tamaulipas, las señales son inevitables de leer. El Partido Verde ha manifestado interés en disputar la gubernatura; el guiño presidencial hacia Carlos Peña puede interpretarse como impulso indirecto a Maki Ortiz; la coreografía de la gira sugiere que la presidenta respeta la investidura del gobernador Américo Villarreal, pero mueve las fichas en un momento decisivo para el estado.
Desde ayer, Carlos Peña se proyecta como un joven político con futuro: rumbo a 2027, 2028, incluso 2030. No por un discurso, sino por un gesto colocado en el milímetro exacto del tiempo. Y es aquí, donde cobra sentido el viejo aforismo de Joseph Fouché, que hoy suena más vigente que nunca: “Es mejor estar lejos y saber que estás cerca, que estar cerca y saber que estás lejos.”
Querido y dilecto lector, en Reynosa, alguien estuvo en la orilla, pero en el centro del significado. Y en política —como en la vida— no siempre manda quien ocupa el centro del escenario, sino quien domina el momento en que la historia decide moverse.
El tiempo hablará.








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