Opinión de Locuras Cuerdas ·Los Verdes y el arte de crecer sin hacer ruido. Por Jorge Chávez Mijares.
- locurascuerdas1
- 12 jul
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Los Verdes y el arte de crecer sin hacer ruido.
Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, existe una curiosa diferencia entre los árboles y los partidos políticos. Los árboles anuncian su crecimiento hacia arriba. Los partidos verdaderamente peligrosos suelen crecer hacia los lados. Mientras todos observan el tronco principal, sus raíces ya comenzaron a extenderse debajo de la tierra. Algo parecido parece estar ocurriendo con el Partido Verde en México. Durante muchos años fue visto como un aliado permanente, casi un acompañante obligado de proyectos ajenos. Un partido útil para sumar votos, pero no necesariamente para disputar el liderazgo de una coalición. Sin embargo, la política tiene la costumbre de burlarse de quienes creen que las fotografías de hoy serán idénticas a las de mañana.
Lo ocurrido en Chihuahua es una pequeña señal de un fenómeno mayor. Los verdes decidieron expresar públicamente su respaldo al alcalde Cruz Pérez Cuéllar para encabezar la candidatura al gobierno del Estado. No esperaron el desenlace de las famosas encuestas ni aguardaron disciplinadamente la decisión final de Morena. Tomaron posición. El hecho, por sí mismo, podría parecer una anécdota local. Pero la política nunca vive de hechos aislados. Vive de precedentes. Y cuando un precedente aparece, los observadores comenzamos a preguntarnos si se convertirá en método.
Las versiones que circulan apuntan a que movimientos similares podrían presentarse en Colima, Sonora y Tlaxcala. Incluso hay quienes sostienen que el Partido Verde pretende que las alianzas no sean solamente acuerdos electorales, sino también espacios reales de negociación sobre quién debe encabezar las candidaturas. Es una diferencia enorme, una cosa es acompañar, otra muy distinta es influir y una tercera, todavía más relevante, es condicionar. En San Luis Potosí el mensaje fue todavía más claro. Ahí el Verde decidió caminar por su propia ruta impulsando a la senadora Ruth González, sin sujetarse a la lógica tradicional de la coalición. Todo ello ocurre mientras algunos comienzan a preguntarse si la relación entre el tucán y los morenos será igual de sólida cuando lleguen las definiciones de 2027.
Pero la política mexicana tiene otra enseñanza, los calendarios nacionales no siempre coinciden con los estatales. Y ahí aparece Tamaulipas. En esta tierra todavía no existe esa discusión. Las definiciones para la gubernatura llegarán hasta 2028 y, por ahora, el escenario político es distinto al de Chihuahua, Sonora o San Luis Potosí. Pretender trasladar mecánicamente esos movimientos a Tamaulipas sería desconocer que cada estado tiene su propia geografía política, sus propios tiempos y sus propios equilibrios.
Sin embargo, tampoco sería prudente ignorar que el Partido Verde tamaulipeco atraviesa uno de los momentos de mayor consolidación de su historia reciente. Al frente del comité estatal se encuentra Manuel Muñoz Cano, un político que ha preferido construir organización antes que protagonismo. Su trabajo ha consistido menos en levantar la voz y más en levantar estructuras. En política, muchas veces eso termina siendo más importante. Junto a esa construcción partidista aparece una figura cuyo peso trasciende las fronteras de Tamaulipas, la senadora Maki Ortiz.
Su presencia dentro del Partido Verde no puede entenderse únicamente desde Reynosa. Representa uno de los activos políticos más visibles del instituto político en el estado y una personalidad cuya influencia modifica cualquier análisis sobre el futuro del partido. Allí donde aparece Maki Ortiz, el Verde deja de ser un simple acompañante para convertirse en un actor que necesariamente debe ser considerado en la ecuación. No significa que hoy exista un conflicto con Morena. Tampoco que las definiciones nacionales vayan a reproducirse automáticamente en Tamaulipas.
Significa algo mucho más sencillo y, quizá, mucho más importante. Que el Partido Verde ya no es observado únicamente por los votos que aporta, sino por las decisiones que podría tomar. Roger Stone solía decir que la política es percepción, quizá tenía razón, pero también es memoria. Los partidos recuerdan quién los necesitó cuando eran pequeños y quién los escucha cuando comienzan a crecer. Falta todavía un largo camino hacia 2028.
Querido y dilecto lector, hemos aprendido por observar la Historia que, en política, cuatro años pueden equivaler a una vida completa y que las alianzas se fortalecen, se desgastan, se reinventan y, en ocasiones, cambian de forma cuando menos se espera. Por eso conviene mirar al Partido Verde con calma. No porque hoy esté rompiendo alianzas en Tamaulipas, sino porque está enviando señales, en distintas partes del país, de que aspira a algo más que acompañar. Y los partidos, como los árboles, suelen revelar la dimensión de sus raíces mucho antes de que el resto alcance a medir la altura de sus ramas.
El tiempo hablará.




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