Opinión de Locuras Cuerdas. ·Los primos Deandar en Reynosa: De conflicto vial a juicio en las redes. Por Jorge Chávez Mijares.
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Opinión de Locuras Cuerdas
Los primos Deandar en Reynosa: De conflicto vial a juicio en las redes.
Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, hubo un tiempo en que las discusiones terminaban cuando dos personas se daban la vuelta y cada uno seguía su camino. Hoy no. Hoy muchas veces terminan cuando alguien deja de grabar. El teléfono celular se convirtió en el nuevo testigo de nuestra época. Es una especie de ojo moderno que todo lo observa, aunque no siempre todo lo explica. Nos muestra segundos de una historia, pero pocas veces nos entrega los minutos anteriores que construyeron el momento.
Hace unos días, Reynosa vivió uno de esos episodios que nacen pequeños y terminan convertidos en conversación pública. Un conflicto vial involucró a Brando Deandar, director de El Mañana de Reynosa, integrante de una familia profundamente conocida en la vida social y periodística de Tamaulipas. Un estacionamiento, una discusión, un teléfono grabando y una frase que cambió la dimensión del episodio: “El señor está armado, me sacó la pistola delante de mi familia”.
Desde ese instante la historia dejó de pertenecer solamente a quienes estaban ahí. Las redes hicieron lo que hacen las redes: juzgaron a velocidad de fibra óptica. El video muestra una confrontación, muestra molestia, muestra palabras cruzadas y movimientos alrededor de vehículos. Lo que no muestra con claridad es precisamente aquello que se convirtió en la acusación más grave. Y en estos tiempos conviene recordar algo elemental, una afirmación puede ser motivo de investigación, pero no automáticamente una sentencia.
Pero Roger Stone, asesor de Donald Trump y, según se dice, del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, dice que la política es percepción, y vaya que lo es. Porque cuando un hecho involucra a alguien con un apellido reconocido, el episodio deja de caminar solo. Se le suben encima historias, prejuicios, simpatías, rivalidades y recuerdos.
Conozco a los Deandar. Los conozco como una familia honorable en términos generales, con una larga historia ligada a la comunicación y a la vida pública de Reynosa y Tamaulipas. Como toda familia grande y visible, está formada por individuos, no por copias idénticas. Los apellidos pueden heredar historias, pero las acciones siempre tienen nombre propio. Ahí apareció otro capítulo interesante, la postura pública de la diputada Magaly Deandar, prima de Brando y mencionada como una figura con posibilidades políticas importantes rumbo al futuro de Reynosa.
Su comunicado fue breve, pero cuidadosamente colocado en el terreno institucional. Condenó cualquier acto de violencia, amenaza o conducta fuera de la ley, sin importar de dónde proviniera. Pidió que las autoridades investigaran y señaló que nadie puede ser responsabilizado por los actos de otra persona, aunque exista un vínculo familiar. No acusó directamente a Brando, no dijo que fuera culpable, no negó el parentesco, pero utilizó una frase que pesó más que muchas líneas: “Una persona que comparte mi apellido”. Ahí nació otra historia. Porque en política una palabra no solamente significa lo que dice el diccionario; significa también lo que escucha el corazón de quien la recibe.
Brando respondió desde otro territorio. No desde la ley ni desde la estrategia pública, sino desde el código familiar. Habló de honor, apellido, padres, hijos y legado. Dijo sentirse desconocido por alguien de su propia sangre. Pero ahí está la paradoja: Magaly no escribió eso. Ella separó responsabilidades, él sintió distancia, ella habló como representante pública, él respondió como familiar. Dos personas leyendo el mismo libro, pero en capítulos diferentes.
Quizá el episodio más interesante no fue el conflicto de tránsito, sino lo que vino después. Porque mostró uno de los dilemas más antiguos del poder: ¿hasta dónde llega la lealtad familiar y dónde empieza la responsabilidad pública? Una sociedad sana no debe condenar a alguien por portar un apellido. Tampoco debe absolverlo por la misma razón. Ni privilegio ni linchamiento. solo hechos.
Querido y dilecto lector, las redes sociales tienen una curiosa semejanza con aquellos viejos pueblos donde todos se reunían alrededor de la plaza para comentar lo ocurrido. La diferencia es que ahora la plaza tiene millones de voces y pocas veces espera a escuchar toda la historia. Al final, un vehículo mal estacionado terminó estacionando una pregunta mucho más profunda en la conversación pública: ¿Qué pesa más en la vida de una persona: el apellido que recibe o la conducta con la que decide cargarlo? Porque los apellidos abren puertas, despiertan recuerdos y construyen relatos. Pero al final del camino, cada uno firma su propia página.
El tiempo hablará.




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