Opinión de Locuras Cuerdas. La palabra mágica de Morena en Tamaulipas: Unidad. Por Jorge Chávez Mijares.
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Opinión de Locuras Cuerdas.
La palabra mágica de Morena en Tamaulipas: Unidad.
Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, en política existen palabras que aparecen una y otra vez hasta convertirse casi en conjuros. Se pronuncian en discursos, se repiten en conferencias de prensa, se imprimen en mantas y se colocan como encabezados de reuniones partidistas. Algunas sobreviven décadas, otras duran apenas una temporada. Ayer, en el World Trade Center de la Ciudad de México, durante la reunión nacional de Morena, hubo una palabra que se escuchó por encima de todas las demás: unidad. No fue casualidad.
Cuando una organización política insiste tanto en una idea, generalmente es porque percibe el riesgo contrario. Nadie convoca permanentemente a la abundancia cuando existe abundancia, nadie predica sobre la lealtad cuando la lealtad está garantizada y nadie habla tanto de unidad cuando ésta se encuentra completamente asegurada. Morena llega a la antesala de los procesos electorales de 2027 y 2028 convertido en la fuerza política dominante del país. Sin embargo, también enfrenta un fenómeno que históricamente ha acompañado a todos los partidos que alcanzan el poder, la proliferación de grupos internos, liderazgos regionales, aspiraciones personales y proyectos que compiten entre sí.
Por ello resultó significativo que la dirigente nacional, Ariadna Montiel, colocara la unidad como eje central del mensaje político. Más allá de los nombres y las coyunturas particulares, el mensaje parece orientado a establecer desde ahora las reglas no escritas de la sucesión política que comenzará a desplegarse en todo el país. Y es precisamente ahí donde Tamaulipas entra en escena. Porque aunque la elección para gobernador se celebrará hasta 2028, la política real rara vez espera los calendarios oficiales. (Los políticos le hacen más caso a la FIFA que al INE). En realidad, el proceso comenzó desde el momento mismo en que se conocieron las reglas generales que Morena pretende aplicar para las próximas gubernaturas.
Sesudo lector, en Tamaulipas nos esperan dos años de intensa actividad electoral. Primero llegará 2027 con la renovación simultánea de las 43 alcaldías y del Congreso local. Será una elección enorme por sí misma. Los alcaldes buscarán consolidar sus proyectos, los grupos regionales medirán fuerzas y los liderazgos estatales intentarán demostrar capacidad de movilización. Pero todos sabrán que detrás de esa elección existe otra batalla mucho más importante, la sucesión gubernamental de 2028. Y ahí es donde la palabra unidad comenzará a ser puesta a prueba.
Porque si algo caracteriza hoy al oficialismo tamaulipeco es la existencia de múltiples corrientes internas. Existen grupos vinculados a liderazgos nacionales, estructuras regionales construidas durante décadas, alcaldes con aspiraciones propias, legisladores que buscan crecer políticamente y actores que consideran llegado su momento. Hasta ahora todos caminan bajo el mismo paraguas político. La verdadera interrogante es qué ocurrirá cuando llegue el momento de definir candidaturas. Los antecedentes nacionales ofrecen pistas interesantes.
Morena ya anunció que de las 17 gubernaturas que estarán en disputa en 2027, once serán reservadas para mujeres. Para las cuatro entidades que renovarán gubernatura en 2028 —Durango, Hidalgo, Oaxaca y Tamaulipas— el criterio será igualmente paritario, dos candidaturas para mujeres y dos para hombres. Ese dato, aparentemente administrativo, tiene una enorme trascendencia política.
Porque mientras el género permanezca sin definirse, muchos y muchas aspirantes seguirán en competencia. Sin embargo, una vez que se conozca qué estados corresponderán a mujeres y cuáles a hombres, veremos uno de los fenómenos más antiguos de la política mexicana, la cargada. Entonces comenzarán los alineamientos, los respaldos públicos, las adhesiones estratégicas y las definiciones de grupo. Quienes hoy mantienen prudente distancia tendrán que escoger bando. Quienes hoy hablan de proyectos colectivos empezarán a medir posibilidades individuales. Será entonces cuando la palabra unidad enfrentará su examen más difícil.
La Historia política mexicana demuestra que los partidos suelen permanecer unidos mientras todos creen tener posibilidades. Las tensiones aparecen cuando las oportunidades comienzan a reducirse y las decisiones se vuelven inevitables. Por eso lo ocurrido ayer en el World Trade Center merece atención más allá de la coyuntura inmediata. No fue solamente una reunión partidista, fue una señal anticipada de cómo Morena pretende administrar sus futuras sucesiones.
La pregunta relevante para Tamaulipas no es si habrá aspirantes, los hay y muchos. Tampoco es si existirán grupos internos, ya existen. La verdadera incógnita es si la disciplina política que hoy se proclama desde los escenarios nacionales será suficiente para mantener cohesionada a una fuerza política que deberá atravesar, casi de manera consecutiva, una elección local en 2027 y una sucesión gubernamental en 2028.
Querido y dilecto lector, la unidad es una palabra hermosa en los discursos. La política, sin embargo, suele ser el lugar donde las palabras terminan enfrentándose a la realidad.
El tiempo hablará.
