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Opinión de Locuras Cuerdas. La demanda central de la CNTE tiene un costo potencial muy elevado para las finanzas públicas. Por Jorge Chávez Mijares

  • locurascuerdas1
  • 13 jun
  • 3 min de lectura

Opinión de Locuras Cuerdas.

La demanda central de la CNTE tiene un costo potencial muy elevado para las finanzas públicas.


Por Jorge Chávez Mijares


Querido lector, confieso que durante varios días observé las manifestaciones de la CNTE con la misma mirada con la que millones de mexicanos observan cualquier conflicto nacional, desde la distancia y con información fragmentada. Veía los bloqueos, los plantones, las discusiones en televisión y las inevitables batallas en redes sociales. Como suele ocurrir, unos defendían a los maestros y otros los condenaban. Pero había una pregunta que casi nadie respondía con claridad: ¿por qué el gobierno simplemente no concede lo que piden? La respuesta, al menos en su parte económica, es más incómoda de lo que parece.


Porque una cosa es simpatizar con una demanda y otra muy distinta es descubrir quién tendrá que pagarla. La exigencia principal de la CNTE consiste en revertir aspectos fundamentales del sistema de pensiones derivado de la reforma al ISSSTE de 2007. Traducido al lenguaje de los ciudadanos de a pie, como tú y como yo apreciado lector, los maestros buscan regresar a un modelo en el que el Estado, es decir el Gobierno, vuelva a asumir una responsabilidad mucho mayor sobre las jubilaciones futuras.


La petición es comprensible desde la perspectiva del trabajador. Nadie quiere llegar a la vejez con incertidumbre. Nadie desea descubrir, después de décadas de servicio, que la pensión que imaginó no coincide con la realidad de su cuenta individual. Visto desde la óptica humana, la demanda tiene lógica. Pero, en este mundo la justicia no es un traje a la medida. El problema aparece cuando la calculadora entra en escena. Porque el dinero que el gobierno gasta no brota de un manantial escondido debajo de Palacio Nacional. Sale de los impuestos de quienes pagamos al fisco, de la deuda o de recursos que dejan de destinarse a otras áreas.


Y aquí es donde aparece un concepto que suele sonar lejano para el ciudadano común, y de uso cotidiano para los economistas: PIB. Producto Interno Bruto. La riqueza total que produce el país en un año. Todo lo que fabricamos, vendemos, construimos, cosechamos o intercambiamos. Cuando los especialistas comenzaron a estimar el costo potencial de regresar al antiguo esquema de pensiones, descubrieron algo inquietante, las obligaciones futuras del Estado crecerían de manera gigantesca. Tan gigantesca que empezarían a competir por recursos con prácticamente todo lo demás.


Sesudo lector, no hablamos solamente de números escritos en una hoja de cálculo. Hablamos de hospitales, carreteras, escuelas, programas sociales, becas, seguridad pública, infraestructura hidráulica y obras de mantenimiento que tendrían que disputarse el mismo presupuesto con los maestros de la CNTE. Es como si una familia decidiera asumir una deuda tan grande que, aunque la intención fuera noble, terminaría condicionando todas sus decisiones futuras. Tal vez habría que cancelar vacaciones. Tal vez posponer reparaciones. Tal vez dejar de comprar algunas cosas necesarias. El ingreso sigue siendo el mismo, pero los compromisos aumentan.


Eso es precisamente lo que inquieta a los gobiernos de cualquier color partidista, PAN, PRI o Morena. Y aquí aparece una paradoja política fascinante. La CNTE considera que el Estado abandonó una responsabilidad histórica con los trabajadores. El gobierno, en cambio, observa el mismo problema desde otra ventana, si acepta completamente la demanda, corre el riesgo de comprometer recursos que hoy sostienen buena parte de sus programas prioritarios. Es decir, ambos pueden tener razón al mismo tiempo, visión polifónica diría Miguel de Cervantes Saavedra. Los maestros tienen razones legítimas para sentirse agraviados. El gobierno tiene razones legítimas para temer el impacto financiero.


Por eso las negociaciones parecen girar en círculos. Porque no se está discutiendo únicamente una reforma laboral. Se está discutiendo cómo repartir recursos que son limitados. Mientras observaba el conflicto, terminé comprendiendo algo que rara vez aparece en los discursos encendidos de ambos bandos. La economía tiene una característica profundamente antipática, no premia las buenas intenciones. Exige números. Y los números, para desgracia de políticos, dirigentes sindicales, asesores electorales y ciudadanos, suelen ser menos generosos que los discursos.


Querido y dilecto lector, quizá por eso la demanda central de la CNTE sigue chocando contra un muro que no es ideológico ni partidista. Es un muro construido con presupuestos, cálculos actuariales y restricciones financieras. Un muro invisible que no aparece en las marchas ni sale en las fotografías y no ocupa los encabezados, pero que termina teniendo la última palabra.


El tiempo hablará.

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