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Opinión de Locuras Cuerdas ·El Gobernador habló al territorio. Por Jorge Chávez Mijares.

  • locurascuerdas1
  • 5 mar
  • 3 Min. de lectura

Opinión de Locuras Cuerdas

 

El Gobernador habló al territorio.

Por Jorge Chávez Mijares

Querido lector, desde mis clases en la universidad aprendí que hay reuniones políticas que parecen actos rutinarios, hasta que uno observa con detenimiento el lenguaje invisible que ocurre entre los abrazos, las miradas y las palabras cuidadosamente colocadas en el orden exacto.

La reunión de la dirigencia de base de Morena encabezada por el gobernador Américo Villarreal Anaya, celebrada en Polyforum Dr. Rodolfo Torre Cantú, (que recuerda viejos tiempos) en Ciudad Victoria, no fue un acto más. Fue, como él mismo lo dijo, un momento político de trascendencia.

Más de cuatro mil militantes, comités seccionales recién electos y operadores territoriales llenaron el recinto. Hubo abrazos largos, selfies apretadas entre la multitud, puños levantados y ese contacto físico que en política significa algo muy concreto: regresar al origen, placearse en el territorio.

Ahí estuvieron, además del gobernador, la presidenta estatal de Morena, Guadalupe Gómez Núñez, integrantes del Comité Ejecutivo Estatal, legisladores locales, operadores regionales y cuadros partidistas que han acompañado al movimiento desde cuando Morena era más convicción que estructura, como bien recordó el propio mandatario.

Sesudo lector, el mensaje no fue administrativo. Fue político, muy político. El orden de los nombres nunca es casual. Hay detalles que un oído distraído deja pasar. Pero no el sesudo lector. En su discurso, el gobernador mencionó primero al expresidente Andrés Manuel López Obrador, a quien continúa llamando simplemente presidente, antes incluso de referirse a la actual titular del Ejecutivo federal, Claudia Sheinbaum Pardo.

No fue un error protocolario. Fue una reafirmación doctrinal. Un recordatorio de origen político hacia la militancia más pura del movimiento: Morena sigue considerándose heredera directa de un liderazgo fundacional cuya legitimidad todavía gravita emocionalmente sobre sus bases. Después vino Sheinbaum, la continuidad institucional, el método, la conducción del presente. Dos tiempos en una misma frase: Pasado legitimador y futuro administrativo.

Hubo un momento particularmente interesante. El gobernador pronunció dos palabras que flotaron en el Polyforum como campanas invisibles: “Lo que viene…” En política mexicana esa frase rara vez habla del calendario inmediato, habla del relevo. Porque en 2027 no sólo estarán en juego diecisiete gubernaturas en el país, sino también las elecciones locales en Tamaulipas, donde comenzará inevitablemente la conversación sucesoria. Y entonces vino la parte más fina del mensaje, unidad, disciplina, nada de agendas personales, nada de proyectos adelantados, nada de improvisación. Dicho así, sin nombres, pero todos entendieron, porque en política el silencio suele señalar más que el dedo.

Por otro lado y en el mismo tenor, el gobernador ha recorrido recientemente la frontera tamaulipeca. En una ciudad fronteriza se reunió con un alcalde con el tema de INFONAVIT. En otra, no, con quien el embajador Ronald Jhonson de EU tampoco quiso reunirse. La política, como la vieja diplomacia bizantina, también se expresa mediante presencias selectivas. Y cuando eso ocurre, inevitablemente surge la pregunta: ¿Son señales? Yo como el gobernador no digo nombres, solo veo los síntomas para cuando la enfermedad se manifieste no nos extrañe.

Regresando al Polyforum, el mensaje central del gobernador Américo Villarreal fue claro: Morena ya no puede comportarse como oposición, pues ahora gobierna y gobernar implica disciplina interna. El gobernador insistió varias veces en algo que no pasó desapercibido: La transformación no se defiende en redes sociales, se defiende en territorio, otra frase aparentemente inocente pero profundamente dirigida, porque el 2027, lo dijo sin rodeos, no se gana con improvisación, se gana con estructura, con comités activos, con cuadros formados y con organización. Es decir: con maquinaria política funcionando antes de que llegue la elección.

Lo verdaderamente revelador no estaba en el templete, sino abajo, entre la gente. No hubo esa distancia ceremonial que suele levantar murallas invisibles entre el poder y la militancia. El gobernador descendió al territorio inmediato: abrazos prolongados, saludos detenidos, conversaciones breves dichas al oído mientras la multitud se cerraba alrededor suyo como una corriente humana reconocible.

Caminaba entre los asistentes sin rigidez protocolaria, más cercano al médico que vuelve a visitar a sus pacientes que al jefe político protegido por la solemnidad del cargo. Era, en cierto modo, una escena deliberadamente construida —pero eficaz— del humanismo político que Morena busca proyectar en Tamaulipas: gobierno cercano, contacto directo y legitimidad nacida del roce con la base.

Querido y dilecto lector, al final las elecciones no comienzan el día de la campaña, comienzan cuando alguien decide hablarle primero al territorio. Y ayer, en el Polyforum de Ciudad Victoria, el mensaje quedó sembrado. El movimiento ya está pensando en el 2027. Aunque todavía falten calendarios por arrancar. Y en política, es elemental, todos los sabemos, cuando el Gobernador habla de unidad, normalmente alguien ya entendió el mensaje.

El tiempo hablará.

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