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Opinión de Locuras Cuerdas ·El cuarto informe: la batalla invisiblePor Jorge Chávez Mijares

  • locurascuerdas1
  • 23 mar
  • 3 min de lectura

El cuarto informe: la batalla invisible

Por Jorge Chávez Mijares

Querido lector, hay días en que la política deja de ser administración para convertirse en escenografía del alma colectiva. Hoy, en Ciudad Victoria, no sólo se rinde un informe: se disputa una batalla silenciosa, una que no se libra en presupuestos ni decretos, sino en ese territorio más volátil, y más decisivo, que es la percepción.

Derivado de lo poco que recuerdo de la materia de Ciencias Políticas que tomé en la UANL puedo inferir que el cuarto informe del gobernador Américo Villarreal Anaya no es un acto administrativo: es un ejercicio de construcción simbólica del poder. Porque al rodar de los años, los gobiernos no son juzgados por lo que hicieron, sino por lo que la gente cree que hicieron. Y ahí comienza la verdadera historia.

Frente al despliegue de cifras, logros y narrativas, el ciudadano, ese ente tantas veces subestimado, activa, a veces sin saberlo, un impulso cartesiano: duda, compara, sospecha. No todo informe convence por acumulación de datos y no toda cifra persuade por sí misma. El ciudadano, ese filósofo cotidiano que no ha leído a René Descartes, pero lo practica, (Cogito Ergo Sum), se pregunta: “¿Esto es verdad o sólo parece verdad?” Ahí, en esa grieta diminuta entre el dicho y lo creído, se decide la eficacia política del informe.

Sesudo lector, decía Joseph P. Kennedy Sr. Padre del presidente Kennedy que la política moderna no se sostiene en la realidad, sino en su interpretación social. Esto quiere decir que un gobierno puede tener resultados, pero si no logra que esos resultados sean percibidos como tales, su capital político se evapora. Aquí resuena, puntualmente, la lección de Niccolò Machiavelli: No basta con ser; hay que parecer. No es frivolidad, es estructura profunda del poder. Porque la percepción opera como una suerte de realismo mágico colectivo, la ciudadanía no vota expedientes, vota sensaciones, símbolos, relatos.

El cuarto informe es, en términos políticos, el más delicado: ya no es promesa, ya no es arranque, es balance y el balance no se mide sólo en obras, sino en credibilidad acumulada. Aquí la comunicación deja de ser accesorio y se vuelve columna vertebral del gobierno, no se trata únicamente de informar, se trata de hacer inteligible la acción pública. Se trata de traducir la complejidad del gobierno en una narrativa que la sociedad pueda comprender, sentir y asumir como propia.

En este contexto, la llegada de nuevos perfiles no es menor: es estratégica. Gerardo Algarín Hernández en Comunicación Social, Adriana Marcela Hernández Campos en Salud y Karl Heinz Becker Hernández, el alemán tamaulipeco, en SEDUMA. No son sólo nombramientos administrativos: son ajustes en la narrativa del poder, porque gobernar, en este tiempo, es también administrar significados.

Comunicación Social, en particular, se convierte en el gran laboratorio de la percepción: lo que se dice, cómo se dice, cuándo se dice y, sobre todo, qué logra quedarse en la mente colectiva, porque, y esto es brutal pero cierto, la repetición eficaz puede imponerse incluso a la verdad mal comunicada.

Toda administración enfrenta un dilema estructural: puede hacer mucho, pero comunicar poco, o puede hacer poco, pero comunicar mucho, ahí tenemos a Matamoros de ejemplo. El equilibrio es la clave, cuando la percepción queda rezagada respecto a la realidad, surge el desgaste, cuando la percepción supera artificialmente a la realidad, surge la fragilidad. El cuarto informe es, entonces, un momento de sincronización: alinear lo que se hizo con lo que se percibe.

Querido y dilecto lector, la política, como la vida, no siempre se decide en lo evidente. A veces se define en lo intangible, en lo que flota en el aire de la conversación pública. El cuarto informe de hoy lunes 23 de marzo del gobernador no será recordado sólo por lo que diga, sino por lo que logre instalar en la conciencia colectiva. Porque al final, y aquí no hay escapatoria posible: El poder no se sostiene en la realidad que produce, sino en la percepción que logra construir y en esa batalla invisible, la comunicación no es herramienta, es destino. Por ahí andaremos.

El tiempo hablará.

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