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Opinión de Locuras Cuerdas. ·El 8M en mis recuerdos familiares. Por Jorge Chávez Mijares.

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  • hace 15 horas
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El 8M en mis recuerdos familiares.

Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, no quiero parecer esnobista en el día internacional de la mujer, pero amanezco este domingo 8 de marzo empatando inexorablemente la tan polémica efeméride con las mujeres en mi vida que son parte inherente de mi existencia y de quienes me inspiro para redactar las siguientes letras. Te anticipo que será una columna un tanto más cuento nepotista. Tratando de convertir cada escena familiar con mi madre, mi hermana y mi hija en una pintura psicológica. Por hoy solo plasmaré los mosaicos de recuerdo de mi madre, los de mi hermana y mi hija tienen su lugar en el futuro.

La primera mujer que quiero mencionar en este día, obviamente, o pensándolo bien no se si la obviedad valga, pero ella es mi madre María Elena Mijares de Chávez y es aquí donde probablemente aparezca la primera contradicción con el 8M pues me parece que una de las consignas es quitarse ese prefijo de pertenencia al apellido del marido; debo mencionar que mi madre nunca tuvo el más mínimo complejo de presentarse siempre como “de Chávez”, nunca tuvo un complejo de inferioridad, fue maestra y quienes la conocieron saben de su esencia femenina.

Hoy a casi doce años de su partida la recuerdo como una mujer con una fuerza moral y ética acompañada de una finura de nervios. Química de profesión y naturista por elección de vida, no le gustaba usar medicamentos para las enfermedades, decía que las mismas tenían un periodo de incubación y que al tercer día se iban solas. Metió a mi padre en este espiral de creencia y convicciones a las cuales él nunca se opuso.

Ella poseía una marcada y real inclinación por la química y el naturismo, me fascinaba su mente profundamente científica pero que no mermaba su esencia de mujer devota que siempre pretendía estar bien con Dios, no era monotemática con su espiritualidad, podía hablar de cualquier tema, de cultura o de política, transpirando que era una mujer versada, y si podía meter su mensaje de cristianismo lo hacía con elegancia sin invadir otras posturas. Recuerdo que siempre quiso evangelizar a sus hermanas quienes me parecía que le daban su avión, pero eso nunca mermó a mi madre en su amor por ellas y en su creencia en Dios.

Fue una obsesionada con la limpieza, con la lectura y con la cultura, la primera obsesión de higiene se la heredo integra a su hija, mi hermana Adriana, las otras dos debo decirlo me las heredo a mí, su hijo Jorge Ignacio. Mi madre detestaba mi oratoria prosaica, y en algunas ocasiones, dentro de la convivencia familiar y en el contexto de la confianza que la misma instigaba en mí, recuerdo que yo me expresaba con vulgaridad en mi léxico y ella siempre me decía: “No seas vulgar, habla como escribes”. En la vida había sabido encontrar, con un sentido muy agudo, lo que hay de interesante y describir sus sensaciones lo mismo que si se tratara de una obra de imaginación poética.

Siempre le pedí que me regalara de recuerdo tomarnos un shot de tequila, un caballito tequilero le decía, nunca quiso, pero aún eso queda en mi recuerdo, el amor que transpiraba al negarse, la calidez de su esencia de mujer madre. En mi mente de adulto con una mirada retrospectiva al pasado, puedo afirmar que la naturaleza le había dotado de un espíritu demasiado generoso. Puedo decir que toda ella en mi situación de hijo me resulta una mujer inolvidable.

Mi madre era nuestra heroína a plenitud en la infancia, mía y de mis hermanos, disfrutábamos de la sublime ilusión de su ternura, mientras el corazón nos florecía y nos amábamos con esa energía y esa frescura, la vitalidad profunda pero rápida de las criaturas en su amanecer que con el tiempo ha caído en una delicuescencia comprensible cuando entran a la familia otros criterios más limitados.

Sesudo lector, así es como este 8 de marzo me recuerda a una gran mujer que, en una ocasión, por la dinámica de su trabajo en la toma de decisiones ejecutivas, de mando y de manejo muy amplio de personas, entrando a su casa al final de una jornada dijo en su mente la siguiente expresión: “Hasta aquí llega la mujer que es autoridad educativa y entra la esposa del ingeniero Chávez”. La que quiera entender que lo haga.

El tiempo hablará.

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