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·MOTIVOS Y DECISIONES El verdadero reto: cambiar nuestra cultura frente al alcohol y el volante Por: Monica Deiterman

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MOTIVOS Y DECISIONES

El verdadero reto: cambiar nuestra cultura frente al alcohol y el volante

Por: Monica Deiterman

13 de julio del 2026

Hay momentos en los que una ciudad necesita detenerse, no solamente para lamentar una tragedia, sino para encontrar respuestas.

Matamoros, Tamaulipas, ha vivido semanas dolorosas. Accidentes que han dejado familias incompletas, jóvenes con un futuro interrumpido y una comunidad que observa con tristeza cómo decisiones tomadas en segundos pueden cambiar vidas para siempre.

En días recientes, dos hechos han marcado profundamente a nuestra sociedad. En uno de ellos, una madre y su hijo perdieron la vida en un accidente ocurrido en pleno centro de la ciudad. En otro, un conductor que se encontraba trabajando y un joven que regresaba de celebrar su graduación perdieron la vida, mientras otro joven continúa luchando por sobrevivir.

Hay investigaciones y responsabilidades legales que corresponden determinar a las autoridades; pero hay una realidad que nadie puede ignorar: las consecuencias de una decisión individual pueden alcanzar a personas que no participaron en ella.

La conversación pública ha girado alrededor de los operativos antialcohol, los horarios de los establecimientos, las sanciones y las medidas que deben fortalecerse. Todas son discusiones necesarias. Pero quizá hay una pregunta que debemos hacernos como sociedad:

¿Qué estamos haciendo nosotros para prevenir que esto ocurra?

Porque el problema no comienza cuando un vehículo circula por una avenida. Muchas veces comienza horas antes: en una reunión, en una fiesta, en una conversación donde alguien dice "yo manejo", aunque quienes están alrededor saben que ha bebido.

También comienza cuando normalizamos frases como: "no pasa nada", "son pocas copas", "maneja bien" o "vive cerca". En esas pequeñas decisiones es donde una comunidad puede marcar la diferencia.

En muchas partes del mundo existe una regla cultural muy clara:

si tomas, no conduces...

No porque las personas no consuman alcohol, sino porque entendieron que una decisión individual puede tener consecuencias colectivas.

En varios países europeos, donde el vino y la cerveza forman parte de su cultura cotidiana, el reto no ha sido únicamente prohibir el consumo, sino construir una relación diferente con él. La diferencia está en que existe una separación más marcada entre beber y ponerse al volante. La sociedad espera que quien consume alcohol planee cómo regresará a casa.

Tal vez esa es una de las grandes conversaciones que debemos comenzar aquí: no solamente preguntarnos cuánto alcohol consumimos, sino qué decisiones tomamos después de consumirlo.

Porque la prevención no comienza en un retén. Comienza en una familia que habla con sus hijos, en un amigo que retira unas llaves, en un anfitrión que cuida a sus invitados y en una persona que entiende que impedir que alguien maneje no es quitarle libertad, sino proteger su vida y la de los demás.

También comienza cuando dejamos de ver como exageración pedir un transporte seguro después de beber. Usar un servicio de traslado, elegir un conductor designado o decidir permanecer en un lugar hasta estar en condiciones de conducir no son muestras de debilidad; son decisiones de responsabilidad.

Pero también existe otra responsabilidad que debemos abordar: la responsabilidad después de un accidente.

Cuando ocurre una tragedia, la sociedad no solamente observa el daño causado, sino también la manera en que las personas responden ante las consecuencias de sus actos. Enfrentar una situación, brindar ayuda y asumir responsabilidades forman parte de los valores que sostienen una comunidad.

Cuando alguien abandona el lugar de un accidente —siempre hablando de hechos que deberán ser acreditados por las autoridades— se genera una herida adicional en las víctimas y sus familias, porque además del dolor aparece la sensación de que alguien intentó evadir el momento más difícil.

Una sociedad madura no solamente busca evitar que ocurran tragedias; también espera responsabilidad, empatía y respeto por la vida humana cuando estas ocurren.

La ley tiene un papel fundamental. Las consecuencias deben existir porque conducir bajo los efectos del alcohol puede convertirse en una conducta que pone vidas en peligro. La aplicación firme de la ley también genera conciencia: recuerda que nuestras decisiones tienen consecuencias y que la seguridad de los demás no es negociable.

Pero una comunidad no cambia únicamente por miedo al castigo. Cambia cuando una conducta deja de ser aceptada socialmente.

Matamoros no necesita solamente indignarse después de una tragedia. Necesita construir una cultura donde la prevención comience antes, donde las familias hablen, donde los amigos intervengan, donde los anfitriones sean responsables y donde cada persona entienda que sus decisiones impactan la vida de otros.

Porque una vida puede depender de una decisión que alguien tomó mucho antes de encender un automóvil.

Y estos son los motivos que generan nuestras decisiones.

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