Martín Sifuentes Online. ·¿PASÓ YA EL TIEMPO DE LA MAQUILADORA?.
- locurascuerdas1
- 17 jul
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·¿PASÓ YA EL TIEMPO DE LA MAQUILADORA?

Desde la década de los 70s, cuando llegó el auge de las maquiladoras a Mexico, Tamaulipas, presumía de su inmejorable posición geográfica, su mano de obra barata y de los incentivos fiscales que desde los gobiernos estatal y federal se ofrecían para que se instalaran principalmente en Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros.
Durante muchos años el modelo aparentemente funcionó bien, cientos de empresas llegaron y aquí se manufacturaron millones de piezas, por ejemplo para la industria automotriz.
El sindicalismo hizo de las suyas un tiempo, e incluso en Matamoros el gremio que lideraba el histórico Agapito González, consiguió desde los 90s la semana de 40 horas con pago de 48, que décadas después, con dificultades ha logrado aprobar el actual gobierno. Pero después esos líderes obreros bravos se volvieron mansos y los trabajadores fueron ganando aún menos.

En enero de 2019, un movimiento encabezado por una abogada, hizo estallar huelgas en 45 fábricas en Matamoros, que finalmente logró un aumento salarial del 20 por ciento y un bono de 32 mil pesos para cada trabajador, pero que a decir de los industriales de la maquila, “reventó” a la ya debilitada rama manufacturera y “ahuyentó la llegada de inversiones y expansiones”.
Hay quien considera que ese fue el punto de quiebre.
Hoy, principalmente en la ciudad de Matamoros, miles de familias que dependen de la industria maquiladora, viven momentos de preocupación.
Para esas obreras y obreros, jefes de familia, el panorama se nubla.
Plantas que durante décadas ofrecieron empleo constante comienzan a reducir turnos, trasladar operaciones o, en el peor de los casos, cerrar sin previo aviso.
El temor se apodera de los obreros. No es para menos. Para muchos, la maquila no solo representa un ingreso, sino la única fuente de estabilidad en una región donde las alternativas laborales son escasas o mal remuneradas.
Reconocen que aún con salarios bajos y jornadas extenuantes, el trabajo maquilador ha sido, por años, el pilar económico de miles de hogares.
Hoy ese pilar tambalea.
¿Es verdad que el llamado Movimiento 20-32 es la causa de la crisis?
Evidentemente no del todo.
Las causas son múltiples: reconfiguración de cadenas globales, automatización, cambios en políticas comerciales, inseguridad y costos operativos. Empresas que antes veían en la frontera norte un punto estratégico ahora voltean hacia otros países o regresan parte de su producción a sus lugares de origen.
La globalización, que alguna vez trajo prosperidad relativa, ahora también se convierte en una amenaza silenciosa.
Con el cierre reciente de varias empresas que se consideraban emblemáticas en Matamoros, como Trico Componentes, y Tridonex, y ahora Tyco,
el fantasma del desempleo está presente, y no distingue entre experiencia o antigüedad. Obreros con décadas en la línea de producción se enfrentan a la posibilidad real de quedarse sin sustento. Jóvenes que recién ingresaban al sector ven cómo las oportunidades se reducen antes siquiera de consolidarse.
¿Y qué sigue después de la maquiladora?
Esa es la pregunta que inquieta no solo a los trabajadores, sino a toda la región. Porque cuando una planta cierra, el impacto no se limita a sus empleados: Golpea a comercios, transportistas, proveedores y servicios. Es una cadena que se rompe, dejando a su paso una economía local debilitada.
La respuesta no es sencilla, pero tampoco puede seguir postergándose.
Expertos coinciden en que es urgente diversificar la economía fronteriza: Apostar por sectores como tecnología, energías renovables, logística avanzada y educación técnica especializada podría abrir nuevas puertas. Sin embargo, esto requiere inversión, planeación y sobre todo, voluntad política.
Al mismo tiempo, es indispensable fortalecer las condiciones laborales. Un modelo basado únicamente en mano de obra barata ya no es sostenible ni competitivo. La capacitación continua y la mejora salarial no solo benefician al trabajador, también elevan la calidad y el valor de la producción.
Pero mientras llegan esas soluciones de largo plazo, la preocupación inmediata sigue latente.
¿Qué vamos a hacer?
La respuesta, aunque compleja, empieza por reconocer la magnitud del problema, cosa que hasta la fecha no han hecho las autoridades estatales y federales, que deben plantearse seguir dependiendo de un modelo que muestra signos de desgaste o reinventarse antes de que sea demasiado tarde.
Hoy, autoridades, empresas y sociedad deben asumir que la estabilidad de la región está en juego. Ignorar las señales sería un error costoso.
Porque cuando el empleo desaparece, no solo se pierde un ingreso. Se pierde tranquilidad, se pierde futuro… y se pierde, poco a poco, la esperanza.




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