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Locuras Cuerdas9 h ·La Recuperación del Estado de Bienestar. ¿Un proceso de transformación?Una mesa, dos lenguajes y un país en tensión. Por Jorge Chávez Mijares

  • locurascuerdas1
  • 18 ene
  • 4 Min. de lectura

Opinión de Locuras Cuerdas


La Recuperación del Estado de Bienestar. ¿Un proceso de transformación?

Una mesa, dos lenguajes y un país en tensión

Por Jorge Chávez Mijares

Querido lector, el viernes pasado, 16 de enero de 2025, en pleno año del Bicentenario del nombre de Matamoros, asistí a la presentación del libro "La Recuperación del Estado de Bienestar. ¿Un proceso de transformación?" en el auditorio de CANACINTRA Matamoros, acompañado de mi amigo Ernesto Parga, hombre de convicciones firmes y ubicadas sin ambigüedad a la derecha del espectro ideológico. No fue un dato menor. A veces, la compañía con la que uno entra a un recinto termina por afinar, o tensar, la mirada con la que observa lo que ocurre dentro. Yo asistí como periodista y antropólogo, más que como miembro de un movimiento o partido. Y lo que ocurrió ahí no fue poca cosa.

Sesudo lector, en un espacio tradicionalmente asociado al lenguaje empresarial, orden, productividad, inversión, eficiencia, certidumbre, se desplegó un discurso profundamente ideológico, anclado en la narrativa del Estado de bienestar, la soberanía económica y la continuidad del proyecto político de la llamada Cuarta Transformación. La escena era, de entrada, paradójica: escenografía empresarial, contenido doctrinario. Forma y fondo hablando idiomas distintos en la misma mesa.

Más aún: la audiencia rompía cualquier molde previsible. No era homogénea ni disciplinada. Era ecléctica, híbrida, transversal, heterodoxa, una mezcla poco frecuente en los tiempos actuales de la 4T. Un sincretismo político, o si se quiere, una amalgama ideológica, una convivencia de contrarios, un ensamblaje improbable, que en Matamoros no se ve todos los días. Aquello no parecía mitin, ni asamblea partidista, ni foro técnico: parecía un cruce de ideologías.

El maestro de ceremonias, Jorge Cuéllar Montoya, a quien agradezco la deferencia de regalarme el libro que se presentó, abrió el acto con una pieza retórica cargada de identidad local. Matamoros como semillero cultural, artístico e histórico; una enumeración afectiva que, más que contextualizar la obra, reivindicaba la ciudad como espacio legítimo para el debate nacional. Su intervención fue más simbólica que analítica, pero cumplió una función clara: elevar el escenario.

Luego vino Roberto Lee. Empresario, dirigente de un partido que se asume de oposición, sentado en la casa de los industriales y hablando, sin estridencias, de política industrial, sustentabilidad, gobernanza municipal y, aquí el punto clave, seguridad. Su lectura del capítulo sobre la industria automotriz fue, quizá, la más incómoda y a la vez la más aterrizada: reconoció potencial, pero señaló rezagos; habló de competitividad, pero también de extorsión; de inversión y de Estado de derecho. En una mesa cargada de abstracciones, Roberto Lee bajó el discurso a Matamoros concreto. Y eso se notó.

Por su parte, la licenciada Iveth Hernández Cavazos centró su intervención en salarios y condiciones laborales. Fue una exposición técnica, muy breve, alineada con los logros que el libro atribuye al periodo 2018–2024. Su participación funcionó como validación numérica del argumento central: el salario como eje de la recuperación del bienestar. No hubo matices críticos.

Morboso lector, debo decirte que el momento más ideológicamente denso llegó con el doctor José Manuel Ortega Herrera. Académico sólido, militante confeso del proyecto de la 4T, colaborador de teleSUR, cadena fundada por Hugo Chávez como un medio explícitamente antihegemónico y de izquierda latinoamericana. El dato no es accesorio: al menos a mí, me ayuda a entender el marco conceptual desde el cual se piensa y se presenta el libro.

Ortega habló de catorce temas: salud, vivienda, política laboral, minería, educación, agua, industria, ciencia y tecnología, migración, reforma fiscal, contrato social, partido hegemónico. Un mapa amplio, ambicioso. Sin embargo, y aquí la observación crítica, no hubo mención al tema de la seguridad pública, ni a la reforma electoral, dos asuntos que hoy atraviesan de manera decisiva la vida nacional y, de forma muy particular, la realidad fronteriza de Matamoros. La omisión no invalida el ejercicio académico, pero sí delimita sus bordes.

El discurso insistió en la autocrítica, algo poco común en el actual régimen, en el “corte de caja”, en no ser aplaudidores. Pero incluso la crítica tuvo fronteras claras. La transformación fue presentada como proceso perfectible, sí, pero siempre dentro de un marco de continuidad ideológica bien definido.

Y ahí regreso a la imagen que me impactó: un empresario opositor, Roberto Lee, y un académico orgánico del proyecto de la 4T, José Manuel Ortega Herrera, compartiendo mesa, bajo el logo de CANACINTRA, frente a una audiencia plural. Esta semana pasada la presidenta Sheinbaum dijo en una mañanera no querer sentarse a dialogar con la oposición. Por eso pienso que lo ocurrido en CANACINTRA no fue contradicción; fue síntoma. Síntoma de un país, y de una ciudad, donde los lenguajes aún no se reconcilian, pero empiezan a rozarse.

Querido y dilecto lector, no salí del auditorio con certezas absolutas. Salí con preguntas. Y en tiempos de consignas fáciles, eso ya es ganancia. Porque cuando el discurso ideológico se atreve a sentarse en la mesa del sector productivo, y el sector productivo escucha sin levantarse, aunque sea con visible incomodidad, algo, al menos, se ha movido. Para algunos asistentes no fue una tarde cómoda. Y quizá por eso mismo, valió la pena.

El tiempo hablará.

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