top of page

Locuras Cuerdas ·Ramón Sampayo: el pasado también quiere aparecer en la boleta. Por Jorge Chávez Mijares.

locurascuerdas1
hace 5 minutos
4 min de lectura

Ramón Sampayo: el pasado también quiere aparecer en la boleta.

Por Jorge Chávez Mijares.


Querido lector, hay calendarios que en política nunca se tiran. Permanecen en algún cajón, junto a las fotografías de campaña, esperando que una mano vuelva a abrirlos. Ramón Antonio Sampayo Ortiz escogió el día de la raza, 12 de octubre, para aparecer en las redes sociales y, por un momento, sentí que el calendario de 1996 había encontrado la contraseña del teléfono.

Han pasado treinta años desde que comenzó a gobernar Matamoros. Veintidós desde su derrota frente a Baltazar Hinojosa y dieciséis desde que Alfonso Sánchez le cerró el camino de regreso. El tiempo, ese funcionario que nunca pide licencia, ha seguido trabajando.

Observé su video con atención, apareció con camisa blanca, cuello abierto, con su característica barba de candado, micrófono de solapa y un encuadre cercano, en un interior cotidiano. La indumentaria elegida prescinde de la solemnidad del templete, quería proyectar cercanía. La camisa puede sugerir sencillez y disposición al diálogo; el micrófono recuerda que aquella cercanía también está preparada para llegar con claridad al público. Pero nada de eso demuestra una candidatura, pero sí configura una manera de volver a hacerse presente.

Su primera frase merece atención: “El haber sido alcalde de 1996 a 1998 me enseñó mucho”. Presenta sus credenciales antes de formular la invitación. Después agrega que vivir aquí y ser empresario le ha enseñado algo más importante. La secuencia construye un personaje con experiencia de gobierno, arraigo y conocimiento de la actividad económica. El antiguo alcalde comparece acompañado del vecino y del empresario. Como periodista y como cronista puedo hablar también del hombre fuera de la pantalla. He convivido con Ramón, degustando una buena comida acompañada de un buen vino, y en corto puedo decir que es una buena persona. Considero, además, que fue un excelente alcalde. Pero la estimación personal y la valoración de una administración pertenecen a un registro distinto del diagnóstico electoral. La sobremesa acerca a las personas; las urnas cuentan otra clase de afinidades.

Y las urnas tienen memoria escrita. En 1995, Sampayo ganó con 58,907 votos, equivalentes al 48.24% de la votación total emitida. En aquella misma ocasión con Homar Zamorano el PRI obtuvo 53,663: la diferencia fue de 5,244 sufragios. Aquella victoria lo llevó a encabezar el Ayuntamiento de 1996 a 1998. A muchos nos quedó la sensación de que Tomás Yarringyon fue la mano que meció la cuna de su triunfo. Sampayo dice que no.

En 2004 consiguió más votos que cuando ganó: 64,958. Sin embargo, representaron el 42.58% del total, frente a los 79,601 de Baltazar Hinojosa, el 52.17%. Perdió por 14,643. La aparente paradoja enseña algo elemental: aumentar los votos propios resulta insuficiente cuando el adversario crece más. Vecinos de colonia se conocían desde sus mocedades, lo cual permitió una cercanía suficiente para apostar una carne asada que pagaría el perdedor. Sampayo resultó ser buen artífice de los fogones. En 2010 obtuvo 45,131 votos, aproximadamente el 30.34% del total. Alfonso Sánchez reunió 93,585, alrededor del 62.91%.

En su discurso también dijo lo siguiente: “Matamoros no lo arregla una sola persona”. Es una frase políticamente útil: reconoce la dimensión colectiva de los problemas y permite convocar sin cargar de entrada con la promesa del salvador. Luego llegó el centro del mensaje, invitó a conformar una plataforma de gobierno para presentarla a los candidatos a mediados de febrero del próximo año. Pone una fecha, propone un trabajo y se reserva un lugar en la conversación.

No dice que quiere ser alcalde. Mi lectura es que busca conservar abierta esa posibilidad. Convocar ciudadanos, recoger demandas y articular propuestas puede darle presencia, relaciones y capacidad de interlocución. También podría terminar como promotor de una agenda o articulador de apoyos. El mensaje admite esas rutas; todavía no permite asegurar cuál elegirá. Los temas seleccionados, seguridad pública, infraestructura básica y servicios municipales son centrales para cualquier gobierno local. Pero aquí aparecen como enunciados generales. Falta saber qué propone, cuánto costaría, cómo se ejecutaría y qué corresponde resolver al municipio o coordinar con otras autoridades. La experiencia tendrá que expresarse en respuestas actuales.

Porque enfrente hay una ciudad que siguió votando mientras él se alejaba de sus principales contiendas. En el cómputo municipal inicial de 2024, el hoy alcalde Alberto Granados obtuvo 128,513 sufragios; Leticia Salazar, 55,466, y Roberto Lee, 29,236. Son las cifras anteriores a los ajustes electorales posteriores. El alcalde Alberto Granados cuenta con la exposición y la responsabilidad del cargo y Roberto Lee lleva, conforme al recorrido territorial que he observado, cinco años buscando presencia entre los matamorenses. Ninguno tiene asegurados los votos de mañana. Tampoco Sampayo conserva intactos los de ayer.

Mi diagnóstico es que Ramón aspira, cuando menos, a recuperar centralidad política y capacidad de convocatoria. Si su horizonte es volver a la alcaldía, llega fuera del tiempo de su antiguo protagonismo y necesita construir vigencia, reconocimiento entre nuevas generaciones, organización territorial, propuestas verificables, ajustar la idea de renovación del PAN a nivel nacional y un trabajo arduo de comunicación y propaganda electoral. Su nombre puede abrir una puerta; conseguir que la gente vuelva a cruzarla exige mucho más.

Querido y dilecto lector, la buena persona que conozco merece consideración. El excelente alcalde que recuerdo merece una valoración de su obra. El eventual candidato tendrá que ganarse su lugar en el presente porque en política hasta los calendarios guardados necesitan votos nuevos de generaciones que no existían cuando él fue alcalde.

El tiempo hablará.

Comentarios


bottom of page