Locuras Cuerdas ·Morena en Tamaulipas: entre lo posible y lo probable. Por Jorge Chávez Mijares.
Morena en Tamaulipas: entre lo posible y lo probable.
Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, en política el futuro suele llegar antes que el calendario. Se instala en una conversación, ocupa una silla vacía, aparece detrás de una fotografía y comienza a repartir cargos que todavía pertenecen a otros. En Tamaulipas, el 2027 ya camina por los pasillos; detrás viene el 2028, procurando que nadie escuche sus pasos. Al comenzar su quinto año de gobierno, Américo Villarreal Anaya enfrenta una tarea distinta a la de conquistar el poder, conducir a quienes quieren conservarlo, compartirlo o heredarlo. Su administración comenzó el 1 de octubre de 2022; ahora entra en ese tramo donde cada decisión del presente empieza a interpretarse como una señal de sucesión.
La renovación de los 43 ayuntamientos y del Congreso local en 2027 pondrá a prueba la cohesión de Morena y sus aliados. Después vendrá la gubernatura en 2028. Los preparativos electorales ya tienen expresión institucional; las ambiciones, desde luego, llevan ventaja. Desde mi lectura, el Gobernador Américo es el principal centro de gravedad política de Morena en Tamaulipas. Pero hasta un centro de gravedad debe negociar con fuerzas que tiran desde distintos lugares, las dirigencias nacionales, los aliados, los grupos locales y quienes creen que una relación en la Ciudad de México puede abrir una puerta cerrada en Ciudad Victoria.
El desafío será administrar expectativas sin convertir cada candidatura en una pequeña fractura. Las encuestas merecen especial atención. Pueden medir conocimiento, preferencias y rechazo; su credibilidad depende de que se expliquen el método y los criterios de selección. Si intervienen también la trayectoria, la competitividad, la paridad y los acuerdos de coalición, sería saludable decirlo con claridad. Una encuesta pierde autoridad cuando se le exige justificar una decisión cuyo razonamiento permanece oculto. No basta anunciar quién ganó. Hace falta explicar qué se midió y cómo se decidió.
En Matamoros, el alcalde Alberto Granados ocupa, a mi juicio, la posición más favorable para buscar nuevamente la candidatura. Tiene la plataforma del gobierno municipal y la oportunidad de convertir su gestión en respaldo ciudadano. Su ventaja, sin embargo, deberá sostenerse con resultados, organización y capacidad para reunir a quienes también aspiran. Lo considero altamente posible y políticamente probable. Todavía no inevitable. La paridad podría modificar ese escenario si Matamoros quedara entre los municipios donde la coalición postule a una mujer. Hablo de una eventual definición, no de una decisión anunciada. En las conversaciones locales aparecen Diana Masso, Elvia Eguía y Adriana Lozano: tres nombres que merecen observarse, aunque mencionarlas juntas no significa que tengan idénticas fortalezas ni que sean las únicas alternativas.
Sus candidaturas son posibles; la probabilidad dependerá de las reglas, los acuerdos y el respaldo que logren construir. Si la nominación corresponde a un varón y el alcalde Alberto Granados no resulta elegido —escenario que hoy considero menos probable—, los diputados locales Víctor García e Isidro Vargas entrarían naturalmente en la conversación. Ambos forman parte de la Legislatura 66 y representan distritos de Matamoros. Pero estar disponible no equivale a estar destinado.
Sesudo lector, la diputación federal del cuarto distrito ofrece otra disputa. Mario López conserva reconocimiento y experiencia. Sobre su relación con el alcalde Alberto Granados y el gobernador circulan versiones de distanciamiento; también se le atribuyen contactos nacionales. Esas lecturas requieren confirmación y no deberían convertirse, por repetición, en hechos consumados. Si ese distanciamiento pesa y sus relaciones nacionales no logran compensarlo, su continuidad sería posible, aunque menos probable. La pregunta es cuánto respaldo puede reunir alrededor de su aspiración.
Ramiro Cisneros Tremear, actual regidor, sí ha expresado públicamente su interés por la diputación federal en 2027, condicionado a que el distrito corresponda nuevamente al Verde. En la lectura política que hago de su aspiración, Manuel Muñoz Cano constituye un apoyo relevante. El Verde tiene capacidad de negociación dentro de la alianza; por eso sería apresurado descartarlo. Aun así, hoy le veo posibilidades limitadas y una probabilidad baja. El reparto entre partidos podría cambiar ese diagnóstico.
Alejandro Villafañez busca presencia y mantiene una trayectoria dentro de la conversación morenista de Matamoros. Su promoción y la cercanía que se le atribuye con Lupita Gómez pueden ayudarlo a construir respaldo. Pero la actividad en redes necesita convertirse en organización y acuerdos, una publicación puede reunir simpatías; una candidatura exige algo más. Por ahora, lo ubico entre las opciones de menor probabilidad.
Isidro Vargas parece mejor colocado para avanzar hacia la candidatura federal. En mi valoración, su disciplina, su perfil institucional y la cercanía política que proyecta con el gobernador y el alcalde Alberto Granados le ofrecen una combinación favorable. Lo considero altamente posible y, entre los nombres mencionados, de los más probables. Esa apreciación sigue siendo un pronóstico, no el resultado de una encuesta conocida.
Para las diputaciones locales, el abanico se amplía. Diana Masso podría encontrar ahí una ruta más factible que la alcaldía. Circula la versión de un respaldo de Américo Villarreal Santiago; mientras no exista confirmación, debe conservar su condición de rumor. Si ese apoyo se acredita, tendría peso político, aunque seguiría haciendo falta construir legitimidad propia.
Querido y dilecto lector, posibilidad y probabilidad no son palabras intercambiables. La primera abre la puerta; la segunda obliga a examinar quién tiene condiciones para cruzarla. A Américo Villarreal Anaya le corresponderá conducir esta pluralidad de intereses mientras gobierna. La selección de 2027 puede fortalecer a su movimiento rumbo a 2028 o dejar agravios que la disciplina apenas consiga disimular. La transparencia ayudaría a que incluso quienes no sean elegidos comprendan la decisión. Porque una candidatura puede negociarse entre unos cuantos; la confianza necesita una explicación para muchos.
El tiempo hablará.




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