Locuras Cuerdas ·Leonel Messi y Lamine Yamal: Momentos estelares de la humanidad. Por Jorge Chávez Mijares
- locurascuerdas1
- 21 jul
- 3 min de lectura
Leonel Messi y Lamine Yamal: Momentos estelares de la humanidad.
Por Jorge Chávez Mijares

Querido lector, escribo la presente columna sin olvidar la frase de Jorge Valdano: “El fútbol es lo más importante de lo menos importante”. Y traigo a colación al gran escritor austriaco Stefan Zweig quien desconfiaba de quienes creen que la Historia es una larga avenida construida por hombres conscientes de su destino. Para él, la Historia era más bien una sucesión de habitaciones oscuras donde el azar, vestido de mayordomo, abría una puerta y cerraba otra sin pedir permiso. Su libro “Momentos estelares de la humanidad” quien me recomendó Parga, mi amigo, casi hermano, no eran otra cosa que eso, instantes aparentemente insignificantes que, vistos a la distancia, terminaban explicándolo todo.
Sesudo lector, imagina por un momento el invierno de 2007. En un rincón discreto del Camp Nou, un muchacho argentino de veinte años, tímido hasta la incomodidad, sostiene a un bebé dentro de una pequeña tina azul. No hay trompetas, no hay himnos, no hay millones de espectadores, no hay quien imagine una final de futbol entre ellos dos. Apenas un fotógrafo, una familia agradecida y una campaña benéfica organizada por UNICEF. El joven se llama Lionel Messi. El bebé, Lamine Yamal. La Historia, como acostumbra, no se presenta.
Stefan Zweig habría disfrutado este episodio porque contiene todos los ingredientes de sus relatos favoritos, la casualidad, la ironía y la secreta arquitectura del destino. ¿Cuántos bebés habrán pasado por los brazos de un futbolista? ¿Cuántas fotografías permanecen olvidadas en un archivo durante casi veinte años? ¿Y cuál es la probabilidad de que ambos terminen convirtiéndose en protagonistas de una final de Copa del Mundo? Pero el destino, cuando decide escribir, suele hacerlo con excesos, con hipérboles diría el escritor francés Honorato de Balzac.
No bastó con que Messi se convirtiera en el mejor futbolista de su generación y Lamine en el heredero más brillante de la siguiente. Tampoco fue suficiente que ambos levantaran trofeos y cambiaran la manera de entender el juego. Había que añadir un detalle más, como si algún escritor caprichoso hubiera considerado que el guion necesitaba una última pincelada. Los dos crecieron futbolísticamente bajo la misma bandera, la Masia. Ese monasterio laico construido por el Club de Fútbol Barcelona donde no solamente se enseña a jugar al fútbol, sino a comprenderlo. Allí donde Johan Cruyff dejó sembrada la idea de que la pelota debía ser tratada con la misma delicadeza con la que un violinista sostiene un Stradivarius.
Messi llegó siendo un niño enfermo de crecimiento y encontró en Barcelona una segunda patria. Lamine nació en Cataluña y encontró en Barcelona la primera. Uno vino del Río de la Plata. El otro del Mediterráneo. Y, sin embargo, ambos aprendieron el mismo idioma futbolístico: recibir, pensar y tocar. Tal vez ahí reside el verdadero misterio. Porque la fotografía de la tina azul no une solamente a dos personas; une tres generaciones de una misma idea. El comentarista de fútbol José Ramón Fernández afirma que Cruyff soñó un estilo, Messi lo convirtió en leyenda y Lamine amenaza con prolongarlo.
Stefan Zweig escribió alguna vez que existen horas en las que "el destino concentra en un solo minuto lo que normalmente distribuye a lo largo de siglos". La fotografía de 2007 parece una de esas horas detenidas. Mañana, cuando el árbitro haga sonar el silbato en la final entre Argentina y España, millones verán a dos adversarios. Pero el tiempo verá otra cosa. Verá a un hombre enfrentando el ocaso y a un muchacho entrando en el amanecer. Verá al niño que alguna vez fue sostenido por las manos de su rival. Verá a dos alumnos de la misma escuela intentando convencer al mundo de que el fútbol todavía puede ser una forma de arte.
Querido y dilecto lector, acaso, en algún rincón del universo, Stefan Zweig sonría con esa melancolía que sólo poseen quienes entendieron que la vida es una conspiración permanente del azar. Porque aquella sesión fotográfica de 2007 no solo capturó un instante, capturó también el porvenir, y mañana el romanticismo de la imagen entre una joven promesa y un bebe se transformará en la cruda lucha por ganar la copa del mundo, Voy con España.
El tiempo hablará.




Comentarios