Locuras Cuerdas ·La hora y nueve minutos de Claudia: un informe entre aplausos, mañaneras y soberanía. Por Jorge Chávez Mijares.
La hora y nueve minutos de Claudia: un informe entre aplausos, mañaneras y soberanía.
Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, hubo un tiempo en que un Informe Presidencial tenía algo de aparición mariana y otro poco de coronación imperial. El Presidente surgía una vez al año entre alfombras, bandas, vallas, generales, legisladores, gobernadores y una República que durante algunas horas fingía detenerse para escucharlo. Después venía aquello de “El Día del Presidente”, que terminó siendo tan excesivo que México hizo bien en enterrarlo. Pero los péndulos políticos tienen la mala costumbre de viajar demasiado lejos.
Claudia Sheinbaum llegó a su Segundo Informe de Gobierno después de haber ofrecido 475 conferencias mañaneras en apenas 23 meses. De manera que el problema contemporáneo ya no consiste en que la Presidenta aparezca una vez al año, sino en que aparece prácticamente todos los días. Y cuando el poder habla diariamente, hasta las ceremonias solemnes corren el riesgo de parecer una mañanera con mejores cortinas.
El escenario, sin embargo, conservaba la majestuosidad que la política cotidiana ha ido perdiendo. El Patio de Honor de Palacio Nacional, con sus arcos de cantera, corredores coloniales y enormes banderas mexicanas suspendidas desde los balcones, hacía recordar que el poder presidencial puede haber cambiado sus liturgias, pero continúa habitando edificios que conocen perfectamente el significado de la palabra Poder. Al frente, Claudia Sheinbaum, vestida de morado. Frente a ella, funcionarios, gobernadores, militares, empresarios e invitados. La oposición, en cambio, brillaba precisamente por lo que no estaba, su ausencia. Aquello tenía una consecuencia inevitable. No era solamente un informe ante representantes plurales del país, sino una ceremonia ante un auditorio esencialmente propio.
Por eso los aplausos resultaron previsibles. Conté 46. Uno cada minuto y medio, aproximadamente, durante una hora, nueve minutos y trece segundos de discurso. Hubo además una imagen extraordinariamente poderosa que quizá dijo más que varias páginas del informe, la escolta militar estaba integrada exclusivamente por mujeres. Cuando Sheinbaum rindió honores a la bandera frente a aquellas soldados, la escena condensó algo que ninguna discusión partidista puede borrar, México tiene por primera vez una mujer como comandanta suprema de las Fuerzas Armadas, y frente a ella otras mujeres custodiaban el símbolo máximo de la República.
Después comenzó la contabilidad. Porque los informes presidenciales son también eso, una enorme sucesión de números intentando convertirse en relato. A mi juicio, el mensaje puede dividirse en 18 grandes asuntos: salario mínimo y política laboral; Economía; Plan México; innovación; Programas del Bienestar; Educación; Deporte; Salud; Vivienda y políticas para las mujeres; Pueblos indígenas y afromexicanos; Soberanía energética; Caminos y carreteras; Ferrocarriles, trenes y Mexicana de Aviación; Agua; Puertos y aeropuertos; Seguridad; Protección civil; y Política exterior.
En materia laboral presumió que el salario mínimo mensual pasó de 2 mil 800 pesos en 2018 a 9 mil 282 en 2026 y que en la frontera norte alcanza 13 mil 409 pesos; habló además de la reducción gradual de la jornada hasta las 40 horas semanales en 2030. En economía presentó una fotografía optimista, inversión extranjera directa por 35 mil millones de dólares durante el primer semestre, desempleo de 2.7 por ciento, peso cercano a 17 por dólar y una inflación que, aseguró, va descendiendo. Después aparecieron “Plan México” y esa nueva palabra favorita de los gobiernos que quieren industrializarse sin parecer antiguos: Soberanía. Soberanía económica. Soberanía alimentaria. Soberanía energética. Soberanía tecnológica. Soberanía nacional. La palabra fue convirtiéndose poco a poco en el hilo invisible del discurso. (¿Me estas oyendo Trump?)
Llegaron entonces los programas sociales, un monstruo electoral, 42 millones 860 mil 296 beneficiarios y un billón de pesos de inversión al cierre de 2026, según las cifras presentadas por la Presidenta. Después educación, becas, universidades, deporte y finalmente salud. Y allí apareció una de esas frases que quiero guardar en mi hemeroteca. Al hablar de “Salud Casa por Casa”, Sheinbaum se voló la barda: “Es el programa de prevención de la salud más importante de todo el mundo.” Una afirmación tan absoluta exigiría una comparación internacional monumental para demostrarla. En términos retóricos tiene un nombre bastante más sencillo, Hipérbole.
Después llegaron vivienda, mujeres, pueblos indígenas y Pemex. Y apareció también un fantasma que, aunque vive en Palenque, sigue encontrando manera de recorrer Palacio Nacional. Andrés Manuel López Obrador. Sheinbaum lo mencionó tres veces y las tres resulta significativo que lo hiciera como “presidente López Obrador”, no como expresidente. Lo hizo al referirse a la basificación de maestros, a la creación del IMSS-Bienestar y al rescate de la producción de fertilizantes de Pemex. Por eso resultó curioso leer versiones según las cuales Sheinbaum no había mencionado a López Obrador. Sí lo mencionó. Tres veces.
Pero hubo otro personaje mucho más citado que AMLO, aunque llevaba décadas sin ocupar Palacio Nacional: el neoliberalismo. En mi recuento apareció 14 veces, mientras que la expresión Cuarta Transformación, como tal, solamente cuatro. Extraña paradoja, el Movimiento gobernante necesitó mencionar más veces al adversario histórico que a sí mismo. Como si para explicar el presente todavía fuera indispensable mantener vivo al pasado. Creo que es una partitura de sus ideólogos de cabecera.
Y entonces apareció Tamaulipas. No demasiado, pero apareció. En infraestructura carretera se anunció el Corredor del Golfo de México, incluyendo el mejoramiento y ampliación de Tampico a Reynosa pasando por Ciudad Victoria; también se mencionó la conexión de la Huasteca hasta Tamaulipas. Y aquí, como matamorense, debo colocar un pequeño alfiler sobre el mapa. Matamoros no apareció. Resulta cuando menos llamativo porque el desarrollo del Puerto del Norte forma parte de los compromisos presidenciales y porque una estrategia logística para Tamaulipas difícilmente debería contemplar el Golfo sin mirar hacia el puerto de Matamoros. Ojalá sea una omisión del discurso y no del proyecto. Tamaulipas volvió a aparecer indirectamente entre los trenes mediante la ruta Querétaro-Nuevo Laredo. Y más adelante apareció expresamente la segunda línea del acueducto Guadalupe Victoria.
En seguridad llegó uno de los datos políticamente más importantes del informe, Sheinbaum aseguró una disminución de 51 por ciento en homicidios dolosos desde el comienzo de su administración, equivalente, dijo, a 44 homicidios menos cada día. También informó de 63 mil detenidos, 32 mil 824 armas aseguradas, 519 toneladas de droga decomisadas y 2 mil 725 laboratorios clandestinos y áreas de concentración para producir metanfetaminas desmantelados. Este último dato posee inevitablemente una resonancia política incómoda frente al discurso del sexenio anterior sobre la producción de drogas sintéticas en México.
Sesudo lector, el verdadero corazón político del informe llegó al final. Estados Unidos. Trump sin necesidad de pronunciar Trump. Frontera, migrantes, seguridad y otra vez aquella palabra: Soberanía. Sheinbaum definió la relación bilateral mediante cuatro principios: Respeto a la soberanía e integridad territorial, Responsabilidad compartida y diferenciada, Respeto y confianza mutua, y Cooperación sin subordinación. Después endureció la voz: “Cooperación no significa sometimiento”. Y todavía más: “La soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte.”
Ahí estuvo, probablemente, la tesis política central de todo el informe. No fueron los trenes, no fue Pemex, no fueron las becas, ni siquiera fueron los números de seguridad. Fue la necesidad de presentar a México como un país capaz de convivir con el enorme vecino del norte sin subordinarse a él. En el contexto actual de la relación bilateral, la insistencia difícilmente puede considerarse accidental.
Y después de una hora, nueve minutos y trece segundos; después de 18 temas, decenas de cifras, 46 aplausos, tres López Obrador, catorce neoliberalismos, cuatro Cuartas Transformaciones y varias soberanías, Claudia Sheinbaum cerró con tres ¡Viva México! El Patio de Honor respondió. Todos los presentes parecían estar de acuerdo. Claro. Andy López Beltrán y la oposición no estaba ahí. Y quizá esa sea una de las fotografías políticas más interesantes del Segundo Informe: una Presidenta que habla diariamente, que llega a su ceremonia anual después de 475 mañaneras, que gobierna con una presencia mediática prácticamente permanente y que, aun así, necesita conservar ciertos rituales porque hasta el poder más comunicado necesita de vez en cuando ponerse traje de ceremonia.
Querido y dilecto lector, antes el Informe presidencial era esperado porque el Presidente hablaba poco. Hoy la Presidenta habla todos los días. Aquello tenía demasiado incienso. Esto quizá tenga demasiados micrófonos. Entre ambos extremos debe existir algún sitio donde la República pueda recuperar la solemnidad sin recuperar la veneración. Porque informar es obligación. Rendir cuentas también. Y gobernar, por supuesto, exige explicar. Pero hasta las palabras del poder necesitan alguna vez conocer el silencio para recuperar su peso. Nos leemos en la próxima linotipia.
El tiempo hablará.




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