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Locuras Cuerdas ·JAD: El agua que sí corre. Por Jorge Chávez Mijares.

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JAD: El agua que sí corre.

Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, es una maravilla poder usar las redes sociales para analizar temas que nos aporten. A mí me ocurrió con una de esas entrevistas de banqueta, de micrófono extendido mientras el personaje camina, preguntas rápidas y cierto filo periodístico que, dicho sea de paso, forma parte legítima del oficio. Cada periodista pregunta desde donde quiere y el entrevistado decide hasta dónde responde. El personaje era el ingeniero Raúl Quiroga Álvarez, secretario de Recursos Hidráulicos para el Desarrollo Social del Gobierno del Estado de Tamaulipas, y el escenario era particularmente apropiado, el Foro Estatal Agua en la Industria, celebrado en Matamoros.

El Centro de Convenciones Mundo Nuevo tenía esa mañana el aspecto de las ocasiones importantes. Empresarios, estudiantes, industriales, funcionarios, especialistas y legisladores ocuparon buena parte del recinto. Ahí estaban también los diputados locales Isidro Vargas y Elifa Gómez. En las pantallas aparecían mapas de Tamaulipas, infraestructura hidroagrícola, grados de presión hídrica y números que, vistos desde una butaca, parecían abstracciones técnicas hasta recordar que detrás de cada línea azul existe algo tan elemental como abrir una llave y esperar que salga agua, todo un milagro.

En el área de exposición, empresas, universidades y organismos conversaban sobre tecnología, medición, tratamiento y aprovechamiento. En el escenario hablaron Quiroga y el alcalde Alberto Granados. Todo giraba alrededor del agua. Y acaso por eso me resultó todavía más interesante lo que ocurrió antes. Un periodista abordó al Secretario Quiroga. A su lado caminaba el ingeniero Marco Antonio Hernández Acosta, Gerente general de la Junta de Aguas y Drenaje de Matamoros. (JAD).

La primera pregunta fue directa: ¿cuándo tendremos una Junta de Aguas saneada también financieramente y sin números rojos? El Secretario Quiroga no intentó convertir el problema en una estampa color de rosa. Habló de décadas de retraso, falta de inversión y ausencia de conservación. Su descripción fue incluso áspera, dijo que lo recibido por la actual administración era prácticamente un desecho de infraestructura. Y entonces pronunció una frase que me hizo detenerme. Porque explicó que el ciudadano naturalmente observa la fuga, el drenaje roto, el desperfecto que tiene enfrente, pero difícilmente puede percatarse de los miles de kilómetros de infraestructura donde el agua sí está transitando y sí está llegando a la ciudadanía, aun con una red que describió metafóricamente como sostenida con alfileres.

No porque desaparecieran las fugas al pronunciarlo ni porque los caídos se recompusieran por generación espontánea. Nada más alejado de eso. Quiroga reconoció que los retos son enormes, están identificados y que los recursos disponibles no alcanzan para resolverlo todo. Pero vino después la pregunta que modificó mi interés en aquella entrevista.

—¿Cómo califica la función del gerente?

Quiroga respondió:

—La verdad es uno de los mejores técnicos que tenemos en Tamaulipas.

El periodista insistió:

—¿De los mejores técnicos?

—¡Sí!

Y todavía vino otra pregunta: si se había contemplado cambiar algún gerente.

—No, en lo absoluto... ni por equivocación lo haríamos.

Finalmente, ante el señalamiento de que se decía que Quiroga era quien mantenía al Gerente de Matamoros en el cargo, el secretario aclaró que él no lo había puesto y agregó algo mucho más interesante: las COMAPAS informan trimestralmente a la Secretaría sobre lo que están haciendo y, desde esa evaluación, Marco Antonio Hernández Acosta está cumpliendo su función y es, reiteró, “uno de los mejores” que tienen.

Y aquí comenzó mi Grafomanía. Porque una cosa es el elogio institucional y otra someterlo a la incómoda costumbre de buscar papeles. Así que decidí hacer algo muy sencillo: tratar de documentar qué había hecho realmente la actual administración de la Junta de Aguas y Drenaje de Matamoros y comprobar, hasta donde los documentos disponibles permitieran hacerlo, si aquella calificación de Quiroga encontraba sustento o se quedaba en la cortesía política de una mañana de foro.

Y encontré trabajo, no milagros. Trabajo. Entre octubre de 2024 y septiembre de 2026 aparecen intervenciones en las plantas potabilizadoras encaminadas a mejorar producción, calidad y abastecimiento; trabajos de introducción y rehabilitación de redes de agua potable; acciones de saneamiento para mantener funcionando la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Este y poner en operación la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Oeste.

Encontré también una tarea mucho menos fotogénica, pero quizá más reveladora, rehabilitación de redes de drenaje sanitario en sectores donde todavía existe tubería de concreto, además de introducción de nuevas redes de PVC. Es decir, dos frentes simultáneos: reparar la infraestructura heredada y construir la que hace falta. Eso explica mucho de Matamoros. Debajo de nosotros existe otra ciudad. Una ciudad oscura que nadie inaugura, que no aparece en las postales, que no tiene glorietas ni monumentos y que, sin embargo, determina nuestra vida cotidiana. Tuberías, colectores, drenajes, plantas, cárcamos y conductos envejecen mientras nosotros caminamos encima de ellos sin pensar demasiado en su existencia. Hasta que fallan, entonces sí existen.

Entonces el drenaje tiene nombre, domicilio, colonia y enojo. De ahí quizá la paradoja de administrar el agua: cuando todo funciona, nadie pregunta quién hizo posible que funcionara; cuando algo falla, la falla se convierte inmediatamente en la totalidad del sistema. Los documentos de la propia JAD permiten dimensionar esa otra cara. Durante el periodo analizado se reportan centenares de acciones vinculadas con potabilización, suministro, conducción, recolección y tratamiento, extendidas por centenares de colonias de Matamoros.

He evitado deliberadamente convertir esta crónica en una letanía de millones de pesos, kilómetros y estadísticas. El agua no entiende de boletines y una familia tampoco necesita conocer el diámetro de una tubería para saber si su drenaje funciona. Lo relevante es otra cosa. Se está trabajando y decirlo no significa negar lo pendiente. Siguen existiendo caídos. Siguen existiendo fugas. Hay cárcamos y sectores problemáticos. Hay infraestructura envejecida y necesidades que rebasan ampliamente la capacidad financiera inmediata. El propio secretario estatal no lo escondió. Por el contrario, estimó que aun destinando una cantidad gigantesca exclusivamente a Matamoros seguirían existiendo necesidades adicionales.

Ahí está la diferencia entre la alabanza fácil y el reconocimiento sustentado. La primera exige decir que todo está bien. El segundo admite que falta muchísimo y, al mismo tiempo, reconoce lo que se está haciendo. Además, sería una larga digresión vulgar y pueril imaginar que una red hidráulica de una ciudad como Matamoros depende de un solo hombre. El agua no conoce organigramas ni aprende nombres de funcionarios antes de atravesar una tubería.

Hay una cadena de responsabilidades. Está la política hídrica del gobierno que encabeza Américo Villarreal Anaya; está la conducción estatal del ingeniero Raúl Quiroga Álvarez; está la responsabilidad municipal del alcalde Alberto Granados; está la operación cotidiana encabezada en la JAD por el ingeniero Marco Antonio Hernández Acosta. Y después están ellos, los que casi nunca aparecen. Ingenieros, operadores, cuadrillas, técnicos, trabajadores de plantas, hombres y mujeres que llegan a una calle cuando el drenaje colapsó, meten las botas donde nadie quiere meterlas y trabajan sobre esa ciudad subterránea que solamente recordamos cuando deja de funcionar.

A ellos también pertenece el crédito. Quizá por eso, esa entrevista caminada terminó resultándome mucho más interesante que algunas entrevistas preparadas en escritorio. Una pregunta pretendía poner contra las cuerdas al funcionario y terminó dejando una afirmación susceptible de comprobarse.

Fui a los documentos. Encontré pendientes, ciertamente. Pero encontré también plantas intervenidas, redes rehabilitadas, drenajes sustituidos, infraestructura sanitaria atendida, saneamiento y una administración que, según los reportes revisados, ha mantenido una actividad sostenida durante estos dos años. El propio informe de la JAD concentra su actuación precisamente en plantas potabilizadoras, redes de agua potable, tratamiento de aguas residuales y drenaje sanitario. Así que regreso al Mundo Nuevo. Al salón lleno. A los jóvenes mirando aquellas enormes pantallas. A los empresarios hablando de resiliencia hídrica. A Raúl Quiroga explicando que Tamaulipas enfrenta un problema que no nació ayer ni desaparecerá mañana.

Y regreso, sobre todo, a aquella frase. Porque posiblemente allí se encuentra la mejor metáfora de todo este fárrago hidráulico: nosotros vemos la fuga porque la fuga hace ruido, moja la calle, abre un socavón y exige atención. Lo que difícilmente vemos es el agua que silenciosamente recorre la infraestructura y llega todos los días a cientos de miles de hogares. La que falla merece reclamo, la que falta exige solución, pero la que llega también cuenta.

Querido y dilecto lector, entre ambas cosas, entre lo pendiente y lo resuelto, quizá se encuentre la sindéresis necesaria para juzgar el trabajo público sin convertir la crítica en demolición ni el reconocimiento en propaganda. Porque administrar el agua, al final, tiene una crueldad elemental, cuando falta, todos sabemos que existe y cuando llega, simplemente abrimos la llave.

El tiempo hablará.

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