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Locuras Cuerdas ·El nacimiento del Puente Viejo: Crónica del Bicentenario de Matamoros. (Primera Parte) .Por Jorge Chávez Mijares.

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26 jul
4 min de lectura

El nacimiento del Puente Viejo: Crónica del Bicentenario de Matamoros. (Primera Parte).

Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, hay hombres caóticos y luminosos. Hay ciudades caóticas y luminosas y luego está el Puente Viejo, un anciano de acero que lleva más de un siglo recordándonos que la memoria también puede remacharse. Debo mencionar también que hay estructuras que unen dos orillas y otras que unen dos épocas. El Puente Viejo de Matamoros y Brownsville tuvo la osadía de hacer ambas cosas. Si deseamos conocer la historia de Matamoros, no la busquemos únicamente en los libros.

Hay que preguntarle al río, preguntarles a las vías del tren, preguntarles a los remaches de acero que todavía sobreviven al sol fronterizo. Porque desde hace más de ciento quince años existe un anciano que ha visto pasar prácticamente todo, presidentes y revolucionarios, soldados y contrabandistas, enamorados y migrantes, comerciantes y poetas. Un anciano que nació cuando México todavía era gobernado por Porfirio Díaz y que continúa observando, inmóvil y paciente, cómo la historia insiste en seguir cruzando frente a él. Su nombre oficial es Brownsville & Matamoros International Bridge. Pero la frontera, que tiene la costumbre de rebautizar a quienes ama, decidió hace mucho tiempo llamarlo simplemente, el Puente Viejo.

Confieso, querido lector, que cuando comencé a tirar del primer hilo de esta historia, supuse que me encontraba frente a una buena crónica del Bicentenario. No imaginé que terminaría sosteniendo entre las manos la biografía completa de uno de los habitantes más antiguos y discretos de la frontera. Hace apenas unas semanas, tuve la fortuna de conversar con el actual director de la Brownsville & Matamoros Bridge Company, Miguel Contreras, quien con la generosidad de quienes entienden que la memoria sólo sobrevive cuando se comparte, abrió para un servidor los archivos gráficos y buena parte de la narrativa histórica del puente. Fotografías, fechas, anécdotas y documentos comenzaron a desfilar frente a mis ojos como si el propio Puente Viejo hubiera decidido, después de ciento quince años de silencio, contar finalmente su versión de los hechos.

Entonces comprendí que había cometido un error. No estaba escribiendo sobre un puente. Estaba escribiendo sobre el tiempo. La densidad de esta historia, sus personajes, sus paradojas y sus despedidas obligaron a esta crónica a dividirse en cuatro capítulos. Porque hay vidas que caben en una página y otras que necesitan un siglo. Y el Puente Viejo, ese anciano de acero que una tarde de julio de 1910 giró para dejar pasar barcos que nunca volvieron, pertenece indiscutiblemente a la segunda categoría.

Sesudo lector, lo que tienes ahora entre tus manos no es únicamente una crónica. Es una invitación a caminar sobre tablones de madera que han resistido revoluciones, a escuchar silbatos que ya no existen y a contemplar fotografías de personas que jamás imaginaron que, un siglo después, continuarían cruzando la frontera en la memoria de quienes aún creemos que las ciudades también tienen alma. Y si al terminar estas cuatro entregas descubres que el Puente Viejo se parece un poco a Matamoros, y que Matamoros se parece un poco a ti, entonces habrá valido la pena el viaje.

Apreciado lector, toda gran historia comienza con una necesidad. En 1904, el ferrocarril St. Louis, Brownsville & Mexico Railway llegó a Brownsville. Del otro lado del Río Bravo, los Ferrocarriles Nacionales de México esperaban la posibilidad de conectarse con el norte del continente. Entre ambos existía una frontera líquida llamada Río Bravo. Era el último obstáculo. Entonces apareció un hombre llamado John Nance Garner, congresista texano que décadas más tarde se convertiría en vicepresidente de los Estados Unidos. Impulsó la legislación necesaria y, sin saberlo, ayudó a cambiar el destino de dos ciudades.

Las obras comenzaron en abril de 1909. La Foundation Company of New York colocó las cimentaciones. La Wisconsin Bridge & Iron Company levantó la estructura metálica. El 25 de agosto de ese mismo año nació oficialmente la Brownsville and Matamoros Bridge Company en el Territorio de Arizona, una sociedad integrada en partes iguales por el St. Louis, Brownsville & Mexico Railway y los Ferrocarriles Nacionales de México.

Aquello era una rareza para la época, dos países compartiendo la propiedad de una infraestructura estratégica. Mucho antes del TLCAN, mucho antes del T-MEC, mucho antes de que los economistas descubrieran palabras como "globalización", dos pueblos fronterizos habían decidido compartir algo más importante, el futuro. Y entonces ocurrió algo extraordinario. Los ingenieros construyeron un puente giratorio. Un sofisticado mecanismo permitiría abrir la estructura para que las embarcaciones continuaran navegando el Río Bravo.

En julio de 1910, el puente giró por única vez. Lo hizo lentamente, como quien se despereza después de un largo sueño. Los ingenieros quedaron satisfechos. La maquinaria había funcionado a la perfección. Pero curiosa y paradójicamente el Destino histórico nos hizo una broma existencial impensable: Nunca volvió a moverse. Porque mientras el puente aprendía a girar, el mundo había decidido dejar de navegar. El Puente Viejo fue dotado de un corazón giratorio para rendirle cortesía a los barcos, pero cuando terminó de construirse el río ya casi había olvidado cómo recibirlos. Quizá todos llevamos un pequeño clinamen en el alma, una parte de nosotros preparada para circunstancias que jamás ocurrirán, el Puente Viejo también.

Querido y dilecto lector, el 12 de diciembre de 1910 abrió oficialmente al público. Veintidós días antes había iniciado la Revolución Mexicana. Mientras el país descubría que estaba entrando en uno de los períodos más convulsos de su historia, Matamoros y Brownsville inauguraban una obra destinada a unir dos naciones. Fue concebido para transportar trenes, peatones, ganado y automóviles. Con una inversión de 225 mil dólares, casi ocho millones actuales, se convirtió en una de las obras de infraestructura más importantes de la frontera. De esta forma podemos decir que el Puente Viejo nació dos veces. Primero, de la mano del progreso. Después, de la mano de la historia.

El tiempo hablará.

Esta Historia Continuara.

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