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Locuras Cuerdas ·Carlos Irán Ramírez González: Cuando los números salen de la oficina. Por Jorge Chávez Mijares.

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Carlos Irán Ramítez González: Cuando los números salen de la oficina.

Por Jorge Chávez Mijares.


Querido lector, hubo una época en México en que un abogado terminó convertido en uno de los personajes más importantes de la historia económica nacional. Se llamaba Antonio Ortiz Mena y, aunque las cifras terminaron obedeciéndole con una disciplina que pocas veces han mostrado en este país, no era economista, era abogado. Ortiz Mena encabezó la Secretaría de Hacienda durante doce años, de 1958 a 1970, y fue uno de los principales artífices de aquello que los libros terminaron bautizando como el Desarrollo Estabilizador. Banco de México recuerda a aquel “abogado sagaz” que aprendió economía en la práctica y cuya capacidad para entender fenómenos económicos terminó colocándolo en el centro de una etapa excepcional de las finanzas mexicanas.

Sirva la referencia solamente para establecer un paralelismo, guardando todas las proporciones que exige la historia. Ortiz Mena manejó las finanzas de un país; Carlos Irán Ramírez González tiene bajo su responsabilidad las de Tamaulipas. Uno pertenece ya al juicio de la historia; el otro está escribiendo todavía las páginas de su gestión. Pero ambos llegaron al mundo de los números desde el Derecho. Y eso me hizo pensar que quizá los abogados y las cifras se entienden mejor de lo que uno supone. Después de todo, unos buscan que cuadren las leyes y las otras se empeñan en que cuadren las cuentas. Cuando cualquiera de las dos cosas deja de cuadrar, alguien termina teniendo problemas.

Sin embargo, hay otro detalle de Ortiz Mena que me parece más interesante para esta linotipia. La historia cuenta que una de las cualidades que contribuyeron a impulsarlo hacia Hacienda fue su capacidad para explicar asuntos económicos complejos en términos comprensibles. Es decir, entendió que los números públicos no solamente deben cuadrar, también deben poder explicarse. Y muchos años después, en otra escala y en otro territorio, me parece encontrar algo de aquella lógica en lo que está haciendo Carlos Irán Ramírez González al frente de la Secretaría de Finanzas de Tamaulipas.

Porque el secretario parece haber decidido que las finanzas estatales tienen piernas y las ha puesto a caminar. En los últimos días lo vimos en Reynosa y Matamoros, recorriendo esa frontera donde los números adquieren características bastante peculiares porque aquí una cifra puede amanecer hablando en pesos, cruzar el puente, aprender inglés y regresar por la tarde pensando en dólares.

En Reynosa, Carlos Ramírez se reunió con integrantes del Consejo Coordinador Empresarial. No fue precisamente una conversación entre pocos. Ahí estuvieron representados comercio, construcción, autotransporte, restaurantes, vivienda, hoteles, agentes aduanales, contadores, ingenieros, arquitectos, inmobiliarios y otros sectores que, vistos en conjunto, constituyen algo parecido a un electrocardiograma de la actividad económica fronteriza. El secretario llevó consigo el nuevo paquete de beneficios fiscales impulsado por el gobernador Américo Villarreal Anaya, pero hizo algo igualmente importante, escuchó. La reunión permitió que los empresarios plantearan directamente aquello que encuentran todos los días en su actividad económica y que difícilmente aparece completo en una gráfica elaborada a cientos de kilómetros de distancia. Porque los escritorios tienen una desventaja terrible, no hablan.

Uno puede colocar encima de ellos expedientes, estadísticas, proyecciones, presupuestos y carpetas de todos los colores imaginables, pero ninguno cuenta exactamente lo que sucede afuera, para eso hay que salir y Carlos Ramírez parece estar convirtiendo esa práctica en una característica de su gestión, un Secretario itinerante.

Después apareció en Matamoros como invitado en la Sesión General de Socios de COPARMEX, donde dialogó con representantes de CANIRAC, CMIC, CANACINTRA, el Colegio de Contadores y otros organismos empresariales. Nuevamente llevó información sobre los beneficios fiscales y nuevamente abrió el espacio para escuchar a quienes generan empleo, realizan inversiones y, por supuesto, también pagan contribuciones. No es un asunto menor. Durante demasiado tiempo la relación entre autoridad fiscal y contribuyente se ha imaginado como una ventanilla, de un lado alguien cobra y del otro alguien paga. Punto.

Pero una administración moderna debería aspirar a algo bastante más inteligente. El contribuyente no tendría que ser visto solamente como una fuente de recaudación, sino como parte de un ecosistema económico que necesita información, certidumbre, facilidades razonables y una autoridad capaz de escuchar dónde aprieta el zapato. Ahí adquiere sentido la expresión utilizada por el propio Carlos Ramírez en Reynosa, que la Secretaría de Finanzas debe funcionar como un puente entre el sector empresarial y el Gobierno del Estado. Los fronterizos sabemos bastante de puentes. Sabemos que sirven para cruzar, pero también que de nada sirven si solamente permiten circular en una dirección. El diálogo funciona exactamente igual.

Por eso me parece interesante esta propensión itinerante que Carlos Irán Ramírez le está imprimiendo a la Secretaría. Una cosa es recibir informes sobre las oficinas fiscales y otra caminar por ellas; una cosa es conocer estadísticas de contribuyentes y otra escucharlos; una cosa es diseñar un beneficio fiscal desde la capital y otra descubrir en Reynosa o Matamoros si quienes pueden aprovecharlo siquiera saben que existe. Los números, para muchos, son criaturas extrañas. En los presupuestos permanecen perfectamente formados, uno debajo del otro, con una disciplina casi militar. Pero cuando salen a la calle se convierten en cosas, una licencia de conducir, unas placas, un recargo, una multa, el costo operativo de una empresa, el bolsillo de una familia. Entonces dejan de ser números y se convierten en personas. Quizá por eso resulta saludable que un secretario de Finanzas abandone periódicamente la comodidad de su oficina y salga a buscarlos donde realmente viven.

Sesudo lector, Antonio Ortiz Mena entendió desde la dimensión nacional de su tiempo que administrar las finanzas requería algo más que formación económica. Su condición de abogado no le impidió convertirse en uno de los principales arquitectos del Desarrollo Estabilizador; por el contrario, aprendió economía en el ejercicio del servicio público y terminó construyendo una trayectoria que Banco de México reconoce como excepcional. Sería prematuro y desmesurado establecer equivalencias históricas, pero tampoco resulta impertinente reconocer coincidencias. Carlos Irán Ramírez González es también abogado y hoy conduce las finanzas de Tamaulipas. Y parece estar agregando a su responsabilidad una característica que merece observarse, la cercanía territorial. Reynosa un día, Matamoros después. Seguramente vendrán otras ciudades. Y detrás irá viajando una Secretaría que, por unas horas, deja de parecer edificio para convertirse en conversación.

Querido y dilecto lector, el Gobernador Américo Villarreal ha planteado como instrucción mantener un gobierno cercano y que escuche. La diferencia entre una frase administrativa y una política pública comienza precisamente cuando alguien decide ponerle zapatos a la frase. Carlos Ramírez parece habérselos puesto. Y mientras continúa recorriendo Tamaulipas, quizá los números de la Secretaría hayan comenzado a descubrir algo que Antonio Ortiz Mena entendió hace muchas décadas, que las finanzas públicas pueden escribirse en millones de pesos, porcentajes, balances y presupuestos. Pero al final de cada cifra, aunque Excel se empeñe en ocultarlo, siempre hay un ser humano. Y para conocerlo hay que salir de la oficina.

El tiempo hablará.

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