Locuras Cuerdas ·Brownsville: Las cifras de John Cowen Jr. Por Jorge Chávez Mijares.
Brownsville: Las cifras de John Cowen Jr.
Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, hubo un tiempo no demasiado remoto en que mencionar a Brownsville en las estadísticas nacionales de Estados Unidos significaba hablar de pobreza, no era metáfora, no era baladronada ni era uno de esos recursos literarios que utilizan algunos amanuenses cuando quieren hacer más dramática una historia. En 2013, el área metropolitana Brownsville-Harlingen registraba una tasa estimada de pobreza de 32.5 por ciento, una de las más altas entre las áreas metropolitanas estadounidenses de su tamaño. Durante aquellos años, publicaciones nacionales llegaron a colocar a Brownsville entre las ciudades más pobres de Estados Unidos. Todavía en tiempos recientes, al reconstruir la transformación económica del sur de Texas, “The Texas Tribune” recordó que esta región había sido conocida como una de las más pobres de Texas.
Y entonces ocurrió algo. El cielo comenzó a llenarse de cohetes, el puerto comenzó a llenarse de proyectos y los números comenzaron a cambiar de tamaño. Pensaba precisamente en eso mientras escuchaba a John Cowen Jr., alcalde de Brownsville, durante el Encuentro Internacional Empresarial 2026 organizado por CANACINTRA Matamoros y Greater Brownsville EDC. Cowen hizo algo que agradecemos los analistas, habló con números. La contundencia matemática siempre es mejor que los rollos ideológicos. Y los números, cuando alcanzan determinada dimensión, adquieren una extraña cualidad narrativa.
Comenzó con SpaceX. Recordó que la transformación de Brownsville no ocurrió ayer. La semilla fue sembrada hace aproximadamente una década con la llegada de la empresa de Elon Musk. Después apareció Starbase y aquel pedazo de costa texana donde durante generaciones solamente parecía escucharse el viento del Golfo comenzó a escuchar motores capaces de empujar toneladas hacia el espacio. Entonces Cowen pronunció una cifra que parece extraída de una novela de Julio Verne, Mil cohetes al año. Esa, dijo, es la meta de producción de Starship. Mil, casi tres diarios.
Imagina sesudo lector, la cadena de suministro necesaria alrededor de semejante pretensión, acero, componentes, electrónica, soldadura, ingeniería, transporte, mantenimiento, servicios especializados, alimentación, vivienda, logística y una interminable constelación de proveedores. Porque los cohetes vuelan solos únicamente cuando despegan. Antes de hacerlo necesitan una ciudad entera trabajando debajo. Cowen explicó que SpaceX pretende duplicar su espacio de producción en Starbase y entonces pronunció una palabra particularmente importante para quienes vivimos del lado mexicano: región, nunca esa palabra me había parecido tan poética. No habló solamente de Brownsville. Habló de nosotros. Pero apenas estaba calentando motores.
Después bajó del espacio al subsuelo. Rio Grande LNG, 30 mil millones de dólares. Treinta mil millones. No millones. Miles de millones de dólares. Hasta diez trenes de licuefacción de gas natural. Luego agregó Texas LNG, 6 mil millones de dólares, otros tres trenes. Resultado: 13 trenes de LNG en el Puerto de Brownsville. Y entonces Cowen realizó una comparación que provocaba una especie de vértigo geográfico. Dubái tendría quince. Brownsville, trece. Aquella ciudad que alguna vez aparecía en los listados nacionales asociada a la pobreza comenzaba a pronunciarse en la misma oración que Dubái. Decía Stefan Zweig que hay ironías que la historia o el destino escriben mejor que nosotros.
Pero faltaban los barcos y llegaron con Saronic Technologies. La empresa eligió Brownsville para desarrollar Port Alpha, un astillero de nueva generación con una inversión anunciada superior a 3 mil millones de dólares. El proyecto comienza sobre aproximadamente 835 acres y tiene capacidad de expansión hasta cerca de 4,400 acres. Y ahora viene otra cifra, 10 mil empleos directos. No es solamente una proyección pronunciada aquella tarde por Cowen. El Puerto de Brownsville y Saronic han hecho públicas esas dimensiones del proyecto. Port Alpha está pensado para construir embarcaciones comerciales y de defensa y su impacto económico proyectado para Cameron County durante la próxima década supera los 160 mil millones de dólares.
Nuevamente sesudo lector, detente un momento. Hace algunos años discutíamos cómo combatir la pobreza en esta región. Hoy discutimos quién encontrará suficientes soldadores, ingenieros, técnicos, programadores, operadores y especialistas para cubrir diez mil puestos de trabajo solamente en un proyecto. Eso es un salto cuántico. Cowen agregó otra dimensión todavía más extraordinaria, alrededor de esos grandes proyectos existirían aproximadamente 15 desarrollos adicionales, y su proyección para los próximos diez años alcanzaría 60 mil nuevos empleos en Cameron County. Sesenta mil. Y entonces contó algo que me pareció más revelador que algunos de los miles de millones. Dijo que por cada persona que se marcha de Brownsville, tres están regresando. Durante generaciones ocurrió exactamente lo contrario. Los jóvenes estudiaban y se marchaban. Austin, Houston y Dallas. La inteligencia emigraba siguiendo al dinero.
El fenómeno tiene nombre: brain drain, fuga de cerebros. Pero si el dinero comienza a llegar a casa, el talento puede comenzar a regresar. Y entonces una ciudad cambia no solamente su economía, cambia su psicología, cambia la manera en que sus hijos imaginan el futuro. Mientras Cowen hablaba, recordé una conversación sostenida dentro del propio Encuentro con una persona particularmente informada sobre lo que está ocurriendo en Brownsville. Me habló de proyectos y posibilidades que podrían añadir todavía más combustible a esta metamorfosis. Uno de ellos era una refinería. Después comprobé que aquello había dejado incluso de pertenecer al terreno de las posibilidades.
El proyecto America First Refining fue anunciado oficialmente para instalarse en más de 240 acres del Puerto de Brownsville. Está proyectado como la primera nueva refinería importante de la costa estadounidense del Golfo en casi medio siglo, con aproximadamente 2 mil empleos durante la construcción y 500 puestos permanentes, cuyos salarios proyectados se sitúan entre 80 mil y 100 mil dólares anuales. La misma fuente me habló también de la posibilidad de una base militar en la región. Aquí conviene colocar una frontera entre información y entusiasmo, hasta ahora no tengo elementos públicos suficientes para afirmar que semejante instalación esté decidida para Brownsville. Existe, eso sí, una iniciativa federal reciente para seleccionar una nueva instalación militar dentro de Estados Unidos.
Si algún día esa posibilidad llegara a concretarse aquí, el efecto económico natural sería considerable, personal, vivienda, servicios, comercio, construcción, logística y proveedores acompañan inevitablemente a una instalación de esa naturaleza. Pero eso pertenece todavía al futuro y el presente ya resulta suficientemente pasmoso. SpaceX, Rio Grande LNG, Texas LNG, Saronic, Port Alpha, America First Refining y Puerto de Brownsville. Miles de millones de dólares girando alrededor de una ciudad situada a unos cuantos minutos de Matamoros. Entonces Cowen llegó, acaso sin proponérselo, a la parte de su discurso que más debería interesarnos. Porque reconoció un problema, Brownsville no tiene suficiente gente para hacer todo esto sola. Están Texas Southmost College y UTRGV preparando talento, explicó. Pero inmediatamente volteó hacia el sur. Yo agregaría qué esta haciendo el Tecnológico de Matamoros y las universidades en Reynosa.
Cowen reconoció algo que nosotros mismos a veces olvidamos, este lado de la frontera posee décadas de experiencia manufacturera. Tenemos obreros especializados, Ingenieros, Técnicos, Proveedores, Metalmecánica, Logística, Manufactura, Experiencia maquiladora, Know-how industrial acumulado durante generaciones y entonces todo el discurso adquirió sentido. La gran historia quizá no sea que Brownsville esté cambiando. La gran historia es que Brownsville está cambiando frente a nosotros. Literalmente, al otro lado del río.
Por eso sería una paradoja histórica que dentro de veinte años Matamoros volteara hacia el norte y descubriera una de las mayores concentraciones industriales, energéticas, aeroespaciales y navales del sur de Estados Unidos y nosotros hubiéramos participado apenas como espectadores. Cowen habló de abrir puertas, de proveedores, de talento, de trabajar juntos. Y dijo una frase sencilla que debería escribirse con letras grandes en las oficinas de nuestros organismos empresariales: “No podemos hacerlo solos.” Ahí está nuestra oportunidad.
Porque acaso el destino económico de Matamoros durante los próximos años no dependa solamente de las empresas que consigamos traer desde Alemania, Japón, Corea, China o cualquier otro confín del planeta. Quizá una parte considerable del futuro esté mucho más cerca. A diez minutos, del otro lado del puente. Brownsville fue durante muchos años una ciudad asociada nacionalmente con la pobreza. Hoy construye cohetes que pretenden llegar a Marte, barcos para una nueva generación naval, infraestructura energética de decenas de miles de millones de dólares y una refinería que aspira a ser la primera nueva gran instalación de su tipo en la costa estadounidense del Golfo en casi medio siglo. Algo ocurrió allí y sigue ocurriendo.
Cuando terminó su intervención, John Cowen bendijo a Matamoros, a México y a la frontera. Yo me quedé pensando en los números. 1,000 cohetes, 13 trenes de LNG. Más de 36 mil millones de dólares solamente entre los dos grandes proyectos de LNG citados por Cowen. Hasta 4,400 acres para Port Alpha. 10 mil empleos directos en Saronic. 60 mil empleos proyectados por Cowen para Cameron County en una década. Y una antigua ciudad pobre intentando convertirse en otra cosa.
Querido y dilecto lector, quizá dentro de algunos años veamos hacia atrás y descubramos que asistimos a uno de esos raros momentos en que la historia económica cambia de dirección sin pedir permiso. El Río Bravo seguirá corriendo como siempre. El agua no sabe de PIB, inversiones ni cadenas de suministro. Pero en sus dos orillas estarán ocurriendo cosas muy distintas. La pregunta para Matamoros es extraordinariamente sencilla: ¿vamos a contemplarlas o vamos a participar en ellas? Es ahora o nunca.
El tiempo hablará.




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