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Locuras Cuerdas

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hace 8 minutos
4 min de lectura

martes, 27 de octubre de 2026 a las 3:41 am·

La herida de Jerjes: Taddei y el mito de la invulnerabilidad

Por Jorge Chávez Mijares.


Querido lector, hay heridas pequeñas que modifican la manera de percibir a un gigante. En la película “300”, Leónidas arroja su lanza contra Jerjes y le lastima el rostro. El rey persa sobrevive; conserva su ejército, sus riquezas y su formidable aparato de dominación. Pero la sangre introduce una novedad en el paisaje, aquel que exigía obediencia como un dios tiene un cuerpo vulnerable. La escena pertenece al cine, pero su metáfora encuentra alojamiento en la política. Mientras analizaba las noticias sobre la renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del Instituto Nacional Electoral, pensé en esa herida. Su salida, formalizada ante la Cámara de Diputados el día de ayer, ocurre después de señalamientos sobre contrataciones y posibles conflictos de interés. La dimisión abre el relevo institucional; las responsabilidades deberán esclarecerse mediante las investigaciones correspondientes.

Una renuncia no equivale a una sentencia. Tampoco vuelve irrelevantes las preguntas que la precedieron. Dejar el escritorio puede resolver quién se sienta mañana; difícilmente explica por sí mismo lo que ocurrió ayer. Conviene precisar la comparación, Taddei presidía un organismo constitucional autónomo, no una dependencia del gobierno ni una dirigencia de Morena. Sin embargo, las cercanías políticas atribuidas a su figura hacen que el costo de su salida pueda extenderse a la 4T que ha construido buena parte de su legitimidad sobre una promesa de superioridad moral. Esa extensión es una lectura política, no una responsabilidad.

La frase “no somos iguales” contiene una apuesta extraordinaria. Ofrece al ciudadano algo más que administrar mejor: le propone confiar en una diferencia ética. Quien acepta esa promesa puede tolerar errores, demoras y dificultades porque supone que, detrás de ellos, permanece una intención honrada. Por eso los señalamientos de corrupción tienen una capacidad corrosiva particular. Interrogan la identidad del proyecto. El ciudadano empieza a preguntarse si cambió la manera de ejercer el poder o solamente la lista de quienes pueden acercarse a él.

Sería excesivo afirmar que todos los casos anteriores fueron negados y que esta es la primera consecuencia política de un escándalo. Lo que sí podemos examinar es una práctica discursiva, responder a las denuncias desacreditando al denunciante, atribuyéndolas a una conspiración o refugiándose en las faltas del pasado. Cuando esa respuesta sustituye a la explicación, la defensa del proyecto termina ocupando el lugar de la rendición de cuentas. En este episodio hay, además, un matiz que debemos reconocer. Claudia Sheinbaum respaldó la renuncia y pidió investigar las acusaciones. Esa postura abre una posibilidad distinta de la protección incondicional que se hizo con otros aliados: aceptar que una sospecha relevante exige esclarecimiento, aunque resulte incómoda para figuras percibidas como cercanas. El valor de esa posición dependerá de lo que siga. Las auditorías, la publicidad de los resultados y las consecuencias que procedan dirán más que cualquier declaración matutina.

Sesudo lector, ¿Estamos ante un parteaguas en la percepción que las masas tengan de Morena? Todavía sería prematuro asegurarlo. Para sostenerlo necesitaríamos observar cambios persistentes en la opinión pública, en la confianza y, finalmente, en la conducta electoral. Una conversación encendida entre periodistas y usuarios de redes no representa por sí sola al país entero. Pero sí puede abrirse una grieta. Me queda claro que las convicciones políticas rara vez se desmoronan de una sola vez. A veces comienzan a modificarse con una pregunta que antes parecía improcedente. El simpatizante que justificaba todo empieza a pedir una explicación. Quien repetía una consigna introduce una reserva. El votante conserva su preferencia, pero retira el cheque en blanco.

Ese desplazamiento merece atención de la 4T. La primera consecuencia de una decepción puede ser el silencio, la menor disposición a defender al gobierno o la decisión de quedarse en casa. También puede producir una exigencia saludable, seguir apoyando un proyecto y reclamarle cuentas, lo que, hasta ahora en términos generales no se da. En las elecciones intermedias de 2027, cuando se renovará la Cámara de Diputados, Morena tendrá que defender su desempeño y sus candidaturas. El caso Taddei podría incorporarse a un balance más amplio sobre honestidad, resultados y trato al dinero público. Su peso dependerá de las investigaciones, de la respuesta institucional y de las alternativas que ofrezcan sus adversarios.

La oposición tampoco recibe una absolución por señalar una contradicción ajena. Para convertir el desgaste de la 4T en respaldo propio necesita credibilidad, propuestas y candidatos capaces de sostenerlas. Por eso “la herida” puede tener dos destinos. Una investigación seria y consecuencias verificables podrían fortalecer la confianza en la capacidad de corregir. Una sustitución acompañada de olvido podría alimentar la sospecha de que se sacrificó una pieza para preservar las costumbres.

Querido y dilecto lector, Jerjes seguía siendo poderoso después de sangrar. Lo que había cambiado era la percepción de quienes lo contemplaban. La renuncia de Taddei no anuncia por sí sola una derrota de Morena. Deja, sin embargo, una pregunta sobre la mesa: cuánto de aquella promesa moral puede sostenerse con hechos cuando ya no alcanza con repetirla. El poder conserva sus recursos. El ciudadano conserva la posibilidad de dejar de creerle.

El tiempo hablará.

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