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Opinión de Locuras Cuerdas ·Carmen Lilia y Carlos Peña, dos voces en el mismo puente. Matamoros ausente. Por Jorge Chávez Mijares.

  • locurascuerdas1
  • 23 feb
  • 6 Min. de lectura

Carmen Lilia y Carlos Peña, dos voces en el mismo puente. Matamoros ausente.

Por Jorge Chávez Mijares.

Querido lector, el fin de semana pasado, Nuevo Laredo, Tamaulipas, amaneció con esa electricidad que sólo conocen las ciudades fronterizas cuando presienten que algo importante va a ocurrir: no un festival, no una pose, ni una cabalgata que no deja nada, sino una reunión donde el poder municipal, ese poder de banqueta, de drenaje, de bache y de patrulla, decide mirarse al espejo y decirse la verdad.

Fue el Encuentro Nacional de Municipios de la Frontera Norte de México, y desde el primer minuto quedó claro que no se trataba de una foto de familia, sino de un intento serio por convertir la frontera en coordinación, y la coordinación en resultados. No asistió el jovencito alcalde Alberto Granados, brillo mucho pero por su ausencia.

La anfitriona, Carmen Lilia Canturosas Villarreal, llegaba con el impulso todavía fresco de una semana intensa: venía de celebrar su primera cumbre logística, que en Nuevo Laredo equivale a hablar del pulso económico del país, y venía también de cruzar a Laredo, Texas, ella si puede, para estar junto a su homólogo, el Mayor de Laredo, Víctor Treviño en la Ceremonia del Abrazo Binacional 2026, ese rito diplomático que por unos minutos hace creer que el río no separa: conversa.

El maestro de ceremonias abrió el acto como si estuviera narrando un documental cívico: “Gracias a todos por acompañarnos, por el fortalecimiento de los gobiernos locales fronterizos”. Y empezó la lista, que en realidad era un mapa humano:

Raúl Armando Quintero Martínez, coordinador general del INAFED. Carmen Lilia Canturosas, presidenta municipal de Nuevo Laredo. Alma Denisse Sánchez Barragán, presidenta nacional de AALMAC y alcaldesa de Moroleón, Guanajuato. Alejandro Pérez Cuéllar, diputado y presidente de la Comisión de Asuntos Frontera Norte. Hermilo Pérez Cabrera, director general de AALMAC. Jorge Lara Flores, de INGOB y colaborador de AALMAC. Dante Hernández Padrón, representante de Conagua. Carlos Peña Ortiz, alcalde de Reynosa y coordinador de AALMAC en Tamaulipas. Andrés Concepción Mijes Llovera, alcalde de Escobedo, Nuevo León, y presidente de la Mesa Metropolitana. María Elena Farías Villafán, alcaldesa de El Salto, Jalisco. Manuel Salcedo Osuna, alcalde de Acaponeta, Nayarit. Marisol Prieto Avendaño, alcaldesa de Tecozautla, Hidalgo, coordinadora nacional de Pueblos Mágicos de AALMAC. Enrique Licón Chávez, representante de Cruz Pérez Cuéllar (Ciudad Juárez). Mariana Haydee Ortega Segovia, representación de Fernando Mercado (Magdalena Contreras). José Luis Gutiérrez Cureño, representación de Javier López Casarín (Álvaro Obregón).

La frontera, en esa sala, dejó de ser una línea en el mapa: se volvió mesa, se volvió agenda, se volvió necesidad compartida. Hermilo: el tono municipalista y la estafeta Tomó la palabra Hermilo Pérez Cabrera, y su discurso marcó el tono: contento de estar en Nuevo Laredo, agradecido con la anfitriona, y directo en el objetivo: instalar la Coordinación de la Frontera Norte para cooperar mejor, coordinar más y compartir experiencias que sirvan.

Hizo un reconocimiento explícito a dos figuras: a Carlos Peña, por “muy activo” dentro de AALMAC, y a Andrés Mijes, por experiencias exitosas. Y entonces colocó el centro del acto: la estafeta recaía en Carmen Lilia, a quien agradeció por aceptar encabezar esa representación norteña. Mencionó a Conagua, porque el agua en frontera no es un recurso: es un conflicto que respira. El agua, y sus tensiones, estaba sentada en primera fila, aunque no tuviera credencial.

Después habló Alma Denisse Sánchez Barragán, y la atmósfera cambió. No se fue por la ruta fácil del tecnicismo. Hizo política con su historia: su niñez, el miedo a perder a su madre, la frase simple que le dejó como brújula (“todos sabemos lo que está bien y lo que está mal”), y luego la tragedia: su madre asesinada en 2021 y ella ocupando ese lugar. Lo notable fue el tono: no pidió compasión, pidió conciencia. Les dijo a los presentes, gobiernos y ciudadanos, que cargan una responsabilidad enorme: elegir bien, sostener la democracia, defender la libertad, empujar proyectos con rumbo. Cerró con un abrazo a Carmen Lilia y con un llamado que sonó a juramento colectivo: “lo que encabeza hoy, nuestra frontera norte, es un proyecto tremendo. Vamos con todo”.

Hermilo pidió entonces la palabra a Carlos Peña, y ahí ocurrió lo más interesante del encuentro: el momento en que un discurso dejó de ser “intervención” y se volvió diagnóstico frontal. Peña comenzó agradeciendo a Carmen Lilia, pero de inmediato hizo algo poco común: se ancló emocionalmente a la ciudad. “Mi familia es de aquí, mis abuelos son de aquí”. Y definió a la gente de Nuevo Laredo con palabras que no caben en un manual de protocolo, pero sí en la vida real: trabajadora, bonita, luchona y remató con una frase que levantó miradas y sonrisas porque fue exacta: “gente chingona”. En frontera, esa palabra no ofende: retrata.

Reconoció la historia de Alma Denisse como inspiración, agradeció a Quintero y subrayó el propósito de AALMAC: hacer conciencia a los distintos niveles de gobierno sobre la dificultad municipal y construir proyectos conjuntos. Luego encendió la agenda dura: Dijo que 2026 es histórico porque se renegociará el tratado de libre comercio. Exigió, con la fuerza de quien administra consecuencias, que en esas negociaciones se escuche a los municipios fronterizos, porque ellos sufren cualquier decisión comercial, fiscal o de seguridad.

Señaló el tema del agua, con esa fricción permanente que el norte vive como una amenaza semanal. Habló del crimen organizado y de la extorsión, sin rodeos, como quien sabe que una ciudad no puede fingir normalidad si le cobran la respiración. Defendió la necesidad de mantener abiertas las puertas a la inversión: sin desarrollo económico, no hay paz durable. Y soltó su tesis social: el objetivo de los gobiernos de transformación, dijo, es que la gente aspire a vivir mejor, romper el país donde “si nacías pobre morías pobre”, y construir uno donde la movilidad social sea posible. Cerró con un llamado de ciudadanía: “piensen qué van a hacer este 2026 para ser mejores”. Fue un cierre de espejo: no basta exigirle al gobierno; la comunidad también debe moverse.

Puedo decir que Carlos Peña habló como quien entiende que la frontera no es un tema; es una cicatriz y una oportunidad al mismo tiempo. Habló para el puente, no para el aplauso.

Llegó después Raúl Armando Quintero, y su intervención fue una mezcla peculiar: por un lado, una cátedra útil; por otro, una defensa entusiasta del régimen en materia de seguridad que, por decirlo con suavidad, resulta discutible cuando la calle y la percepción no se alinean con los datos. Su parte más valiosa fue la síntesis de prioridades ciudadanas (aludiendo a encuestas del INEGI): Agua potable. Drenaje. Baches. Basura. Seguridad pública.

Dijo: “esto es guía para la acción; no hay que inventar”. Y eso, en municipio, es oro. Después se extendió en elogios a la conducción federal y a la “cabeza fría” en la relación con Estados Unidos: una línea que sonó a aplauso institucional. En un país donde la seguridad se vive, se discute y se padece, esa seguridad “en claro avance” que él proclamó se escuchó como afirmación de oficina: respetable, sí; incontrovertible, no.

Y entonces, el acto central: la toma de protesta. Quintero llamó a Carmen Lilia Canturosas al frente, mano izquierda levantada, pregunta ritual:

—¿Jura cumplir y hacer cumplir los acuerdos y preceptos de AALMAC?

Ella respondió, breve, con voz de responsabilidad:

—¡Sí! ¡Protesto!

El auditorio estalló en aplausos. Carmen Lilia desfiló saludando a alcaldes y representantes, sonrió, titubeó un segundo para decidir desde dónde hablar, ese segundo humano que la política no registra pero la narrativa sí, y tomó el micrófono.

Su discurso fue una pieza completa de municipalismo con visión: agradeció, saludó a las autoridades, abrazó a alcaldesas y alcaldes como núcleo del proyecto, envió saludo del gobernador Américo Villarreal y subrayó que asumía la coordinación no como reconocimiento personal, sino como compromiso colectivo.

Y lanzó la idea que sostuvo todo: la frontera no puede seguir definida por el volumen de exportaciones. Detrás de cada operación hay familias, trabajadores, historias. La frontera, dijo, es identidad, resiliencia, cultura compartida.

Nombró ciudades fronterizas: Tijuana, Ciudad Juárez, Reynosa y Nuevo Laredo. Y ahí ocurrió el detalle revelador, el gesto involuntario que en política pesa como una silla vacía: Matamoros no fue mencionado. No por enemistad declarada, sino por una ley elemental del municipalismo: en estos foros, lo que no se presenta, no existe. Matamoros y el jovencito alcalde Alberto Granados brillaron, sí, pero por su ausencia. Y esa ausencia tuvo consecuencia: el nombre no cruzó el micrófono. La frontera también es eso: un listado donde se juega simbólicamente el derecho a ser nombrado.

Carmen Lilia siguió: “no somos periferia; somos puerta y ventana de México al mundo”. Reconoció el paquete de desafíos: inseguridad, migración, densidad poblacional, pobreza, desigualdad, infraestructura. Criticó la camisa de fuerza administrativa “del pasado”, y pidió fortalecer autonomía municipal con mayores recursos y atribuciones. Habló de ciudades inteligentes, resilientes, sostenibles, de movilidad, de gobernanza digital. Dijo una frase que se escucha como futuro ya encima: “nos pueden decir que se vale soñar, pero el futuro ya nos alcanzó”.

Propuso un concepto de soberanía “plural y globalizada”, habló de nearshoring con visión social, de empleos dignos, de diplomacia municipal con ciudades hermanas, de infraestructura aduanera, de atención humanitaria a migrantes con enfoque de derechos. Cerró proclamando respaldo al proyecto nacional y convocando a trabajar juntos. Aplausos.

El encuentro dejó dos figuras centrales, dos tonos que se complementaron: Carlos Peña, con la frontera como urgencia inmediata: agua, crimen, inversión, renegociación comercial, municipio como primer afectado y primer interlocutor. Carmen Lilia, con la frontera como identidad y proyecto: soberanía moderna, municipalismo con recursos, resiliencia urbana, diplomacia local, visión de futuro.

Querido y dilecto lector, la frontera, en Nuevo Laredo, se miró a sí misma y se organizó como si supiera una verdad simple: si los municipios no se coordinan, nadie.

El tiempo hablará.

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